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Austria puede ser el primer país de la UE con presidente ultraderechista

Norbert Hofer, del xenófobo FPÖ, favorito en la segunda vuelta


Berlín / E. La Voz 30/11/2016 09:33

Uno de los primeros en felicitar a Donald Trump por su victoria en las elecciones presidenciales de Estados Unidos fue Heinz-Christian Strache, jefe del Partido de la Libertad (FPÖ), que puede jactarse de ser el político austríaco más popular del momento. «La izquierda y la intrincada élite son castigadas una y otra vez en las urnas por los electores», escribió el 9 de noviembre el líder xenófobo en su página de Facebook, que cuenta ya con cerca de 450.000 seguidores. El entusiasmo ante la elección del magnate estadounidense se quedará corto ante la euforia que podrían experimentar Strache y los suyos si este domingo se cumplen los pronósticos y Austria se convierte en el primer país europeo con un jefe de Estado de extrema derecha.

En todas las encuestas, el candidato del FPÖ, Norbert Hofer, le saca una ventaja de entre dos y seis puntos a su rival, el ecologista Alexander Van der Bellen, de cara a la segunda ronda de las presidenciales austríacas. De materializarse su victoria, el 4 de diciembre quedará registrado en los libros de historia como una fecha negra para todo el continente, que desde que estalló la crisis migratoria sufre por la decadencia del bipartidismo y, aún más, por el auge imparable de la ultraderecha, que ha capitalizado el rechazo de la población a la llegada de refugiados. Una tendencia que en Austria precipitó la renuncia del jefe del Gobierno, el socialdemócrata Werner Faymann, y que Bruselas observa con preocupación después de que se hiciera evidente con el brexit.

Pero es que, además, las autoridades del país alpino, gobernado desde 1945 por socialistas o conservadores, se lo han puesto en bandeja al xenófobo Hofer, que el pasado 23 de mayo perdió por solo 30.000 papeletas frente al progresista Van der Bellen. La ultraderecha impugnó el resultado alegando fallos de procedimiento y, dos meses después, el Tribunal Constitucional obligó a repetir la segunda vuelta de los comicios, tras haber confirmado que hubo sobres que se abrieron antes de tiempo o fueron guardados de forma incorrecta. Un episodio «propio de una república bananera», como llegaron a decir los analistas, que vieron su tesis reforzada cuando en septiembre las autoridades austríacas anunciaron que tenían que retrasar la repetición de las elecciones, prevista para el 2 de octubre, debido a un problema con los adhesivos de los sobres.

«Austria, el tremendo ridículo», rezaba un editorial del semanario alemán Der Spiegel sobre la turbulenta campaña para buscar sucesor a Heinz Fischer, que tras 12 años dejó en julio la presidencia, un cargo simbólico con escasas funciones políticas. Aun así, Europa está muy pendiente de los 6,4 millones de austríacos que están llamados a las urnas el domingo en medio de un clima de tensión que ha llevado a las autoridades a prohibir el acceso de la prensa a las salas de votación e incluso a poner a Van der Bellen bajo protección policial, después de que fuera amenazado de muerte por grupos neonazis.

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