Ver galería 29Disturbios raciales en Charlotte

Una mujer con sangre en la mano y el brazo señala acusadora a un policía durante los disturbios reciales en Charlotte.

EE.UU. recurre a la Guardia Nacional para apagar la ira racial de Charlotte

El jefe de policía desliza que el negro muerto no apuntó con un arma a los agentes


nueva york / e. la voz 23/09/2016 07:17

«¡Vuestra vida está en peligro, iros de aquí!», gritaban los agentes de policía a los reporteros que cubrían la noticia. Era el relato de un conflicto, uno más, entre la policía y una parte de los vecinos de Charlotte, Carolina del Norte. La zona lleva días siendo el epicentro de la tensión racial con batallas campales que están enturbiando el tramo final de la primera presidencia negra de la historia de EE.UU.

La segunda jornada de disturbios dejó un balance de 44 detenidos y nueve civiles heridos, uno de ellos en estado crítico tras recibir un disparo. «No ha sido un disparo de la policía, sino que se produjo de civil a civil», confirmó la alcaldía. Marquesinas rotas, inmuebles dañados, contenedores ardiendo y comercios que no han vuelto a abrir sus puertas tras lo ocurrido en los últimos días. La furia se veía en cada uno de los rostros de los manifestantes y el miedo llegaba a esta ciudad de 825.000 habitantes, declarada en estado de emergencia y por la que ya patrulla la Guardia Nacional. «Todas nuestras autoridades trabajan mano a mano para volver a traer la paz a la ciudad», decía ayer Patrick McCrory, gobernador de Carolina del Norte, quien confirmaba que está en permanente comunicación con el presidente Barack Obama.

Las protestas comenzaron tras la muerte de Keith Lamont Scott, un hombre negro tiroteado por la policía de la ciudad. «Tenemos más preguntas que respuestas», dijo entre sollozos su viuda, Rakeyia Scott. Las autoridades de Charlotte han pasado las últimas horas analizando el vídeo del incidente, y según confirmó ayer Kerr Putney, jefe de policía, en las imágenes «no se muestra con claridad que la víctima haya apuntado con un arma». La declaración contrasta con la versión inicial de los agentes, que en un principio aseguraron que «el sujeto salió del vehículo con un arma de fuego que suponía una amenaza de muerte inminente».

Si finalmente se confirma que Scott no apuntó a la policía, se estaría hablando de dos afroamericanos desarmados y muertos a manos de agentes, en menos de una semana. «Estamos aquí para buscar la verdad, así que estamos investigando para llegar a esa verdad como mejor nos lo pueda mostrar la evidencia», aseguraba Putney.

La indignación ha llegado al Congreso donde los miembros del Caucus Negro (CBC) protagonizaron ayer una marcha desde el Capitolio hasta la sede del Departamento de Justicia. «Queremos todo el peso del Departamento de Justicia involucrado en esta situación», reclamaba el presidente del organismo, G.K. Butterfield. La petición se oía también en boca de toda una leyenda, el exjugador de la NBA y dueño de los Charlotte Hornets, Michael Jordan: «Tenemos que restaurar la calma», pidió.

Lo ocurrido en Charlotte se ha colado en la campaña y está permitiendo al candidato republicano, Donald Trump, colar sus mensajes. Ayer responsabilizó al consumo de drogas en zonas pobres. «Las drogas son un muy importante factor en lo que hemos estado viendo durante toda la noche» declaró.

Trump desvió dinero de su campaña al negocio familiar

Las cosas no pintan bien en la campaña republicana. Nada bien. Las últimas revelaciones de Politico no solo ponen patas arriba su imagen, sino que además marcan un precedente jamás visto en la política estadounidense. Según el prestigioso portal de noticias, la campaña de Donald Trump pagó a sus negocios familiares 8,2 millones de dólares, integrándolos así en la financiación de la propia campaña. La investigación detalla los pagos de servicios, entre los que se incluyen más de un millón de dólares para el alquiler de sus oficinas de campaña (que se encuentran en la Torre Trump de la Quinta Avenida de Manhattan), o más de 540.000 dólares para alimentación e instalaciones de eventos o reuniones contratados a empresas del magnate. En total, los pagos representan el 7% de 119 millones de dólares, que es el gasto total de la campaña.

«Trump parece haber estructurado sus negocios de tal manera que permite a la campaña utilizarlos sin restricciones legales», asegura la publicación, que subraya que el neoyorquino no parece sentir ninguna vergüenza, primero por burlarse de las normas políticas que por lo general obligan a los candidatos a distanciarse de sus negocios durante las campañas y, segundo, porque hay que recordar que el multimillonario sigue sin publicar sus declaraciones de impuestos.

Mientras tanto, el magnate sigue recolectando centenares de opositores que, en las últimas horas, han alzado la voz contra una hipotética presidencia republicana. Los últimos en hacerlo han sido 75 antiguos diplomáticos que han asegurado que Trump «no está cualificado» para ser presidente: «Tememos el daño que podría causar tanta ineptitud», advierten en una carta abierta. Sus quejas vienen precedidas por las de la élite científica: 375 investigadores, entre los que se encuentran decenas de premios Nobel, cuestionan que el candidato republicano quiera retirar a EE.UU. del acuerdo de París sobre el cambio climático. «Las consecuencias de una retirada serían graves tanto para el planeta como para la credibilidad del país», dicen en otra misiva.

Hollywood también se ha unido a las protestas. A través de un vídeo, oscarizados actores hablan de Trump como «un racista, abusón y cobarde que podría dañar para siempre el tejido de nuestra sociedad». Gracias a la convocatoria de la organización Save The Day, se puede ver cómo Scarlett Johansson y Julianne Moore, o Robert Downey Jr. y Martin Sheen, piden a los estadounidenses que reserven el día y acudan a las urnas.

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