
Un clon del árbol del científico plantado en A Coruña ya da fruto
El ejemplar procede del que inspiró el descubrimiento de la ley de la gravedad
?uatro de la tarde de ayer. Sol y brisa invitan a la siesta en el parque de Santa Margarita. Allí está la Casa de las Ciencias de A Coruña. Cerca de la entrada principal, una placa de bronce anuncia el árbol de Newton y explica: «Este manzano de la variedad Flower of Kent es un ejemplar clónico del que existe en la casa natal de Isaac Newton, en Woolsthorpe (Condado de Lincolnshire, Inglaterra), descendiente a su vez del que allí existía en 1665 cuando, según la tradicion, la caída de una manzana provocó al joven Newton una pregunta: ¿por qué se cae la manzana y no cae la luna?». El inventor de la ley de la gravedad podría echarse una siesta y revivir su descubrimiento en tierras gallegas ya que dicho árbol luce desde hace unos días una verde y brillante manzana. Es el primer fruto desde que fue plantado, el 11 de marzo del año pasado, y la siesta sería un tanto incómoda tanto por la valla en forma de octógono que protege este ejemplar como porque con sus dos metros de altura y cuatro delgadas ramas la sombra que da es más bien escasa.
Marcos Pérez, de la Casa de las Ciencias, explica que durante el último invierno podaron el manzano y el pasado mes de abril «dio media docena de flores muy bonitas, blanco-rosáceas». Con ellas se abría la esperanza de que produjera «manzanas idénticas a las que despertaron a Newton», apuntaba entonces el director de los museos coruñeses, Ramón Núñez. En este proceso, lo importante es que un insecto polinice las flores y para ello, cuenta Marcos Pérez, plantaron cerca ejemplares de árboles desde los se pudiera hacer la polinización «y en eso tuvimos suerte». Ahora esperan que el manzano siga creciendo hasta superar los ocho metros.
La manzana «es más pequeña que las variedades comerciales y semejante a una variedad de mediados del siglo XVII», que es cuando Newton llega al descubrimiento de la ley de la gravedad, si bien la famosa anécdota no se conocería hasta mucho tiempo después, el 15 de abril de 1726, cuando el científico ya tenía 84 años y mantuvo una conversación con el médico y arqueólogo William Stukeley, después de comer, en un día de calor y mientras tomaban té en el jardín. «Me contó que estaba en la misma situación que cuando se le ocurrió, hacía muchos años, la ley de la gravitación. El motivo había sido la caída de una manzana. ¿Por qué había de caer siempre esa manzana en dirección perpendicular al suelo?, se preguntó», narró Stukeley. Ahora el árbol de Newton da manzanas gallegas.
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