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  • 25 de marzo del 2006
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Galicia

LOS DEPORTISTAS COMPITEN CON EL TRENLos ciclistas de élite casi igualan la velocidad del tren Vigo-Oporto

La Voz organiza una carrera en la que el convoy sólo saca una hora de ventaja a los deportistas
El tráfico y los desvíos por obras complican la hazaña de Pereiro, Serrano y compañía

  • Autor del comentario:
    A. Magro / P. González
    Localidad:
    oporto / env. especiales
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				O. Vázquez

Un grupo de ciclistas gallegos de élite aceptó el reto que les propuso La Voz para competir con el tren de Comboios de Portugal que une las ciudades de Vigo y Oporto. Óscar Pereiro, Marcos Serrano, Luis Fernández Oliveira, Gustavo Domínguez, Serafín Martínez y Jacob Agra (motociclista que entrena habitualmente con ellos) salieron de la estación de Vigo en paralelo al tren, a las 8.27 horas del pasado 15 de marzo. Y se quedaron a tan sólo 44 kilómetros y una hora de la locomotora, que empleó 3 horas y ocho minutos en cubrir 155 kilómetros, cinco menos que los deportistas gallegos.

Ganó el tren, pero todos los días pierden los pasajeros. Los ocho que se subieron a sus vagones en Vigo llegaron a Oporto a las 11.35, con tiempo de sobra para contemplar el paisaje. Al fin y al cabo, la velocidad media se quedó en 49,4 kilómetros por hora, mientras que la de los ciclistas fue de 40, si se corrigen mínimamente las múltiples dificultades que se encontraron a lo largo del camino. La primera, el puerto de San Antoniño, en la carretera que va desde Nigrán a Tomiño. A partir de Viana do Castelo, el intenso tráfico, la estrechez de la antigua carretera costera, los desvíos por obras -que ampliaron la longitud del recorrido previsto por los ciclistas- y la deficiente señalización convirtieron la competición contra el ferrocarril en una lucha aún más desigual.

Los ciclistas llegaron a Oporto a la una de la tarde. Pero en justicia hay que descontar media hora por todos estos obstáculos que se encontraron a lo largo del camino. Así que el tiempo real se queda en cuatro horas justas: tan sólo una más que el tren. Una carrera más justa sólo hubiera sido posible con las ventajas que otorga el blindaje de carreteras que otorgan las competiciones oficiales como el Tour, el Giro, o la Vuelta a España. Pero no era el caso.

Catorce paradas y, sobre todo, un recorrido enemistado con la aceleración en el que nunca se superan los cien por hora, explican el hecho de que Vigo-Oporto sea una de las pocas líneas europeas donde las bicicletas pueden competir con el ferrocarril. El tren llegó a la estación de San Bento, en Oporto, cuando los ciclistas estaban en las inmediaciones de Esposende, a tan sólo 44 kilómetros de la segunda ciudad lusa. Pero no siempre fue esta la ventaja del tren. Durante buena parte del trazado gallego y hasta Viana do Castelo, la distancia entre los deportistas y el tren apenas superaba los 20 kilómetros. A partir de Viana, el desorden de tráfico y las obras aumentaron considerablemente esa ventaja. En esta localidad portuguesa, un desvío por obras les obligó a dar un rodeo de unos 10 kilómetros. Para los ciclistas, esta distancia supone unos 20 minutos de pedaleo.

El trazado ferroviario gallego tiene mucho que ver con esto. Precisamente, los ciclistas sólo marcaron un ritmo medio similar al del tren en dos tramos: el gallego y el que comunica el Miño con Viana do Castelo. En ambos casos, las paradas y las incesantes curvas tan sólo permitieron una velocidad media de 40 kilómetros por hora.

Sólo a ritmo de bicicleta se entiende que el tren tardase 52 minutos en recorrer los 35 kilómetros de vía que separan Vigo de Tui, que en coche llevan apenas un cuarto de hora. Quizá ahí resida la razón que explica que un tren de 166 plazas apenas alcance una ocupación media del 33%. Y por la cartera: el ferrocarril de los 49,4 kilómetros de velocidad media cuesta 14,40 euros en el trayecto completo (Vigo-Oporto), el doble que el peaje de la autopista. Y aún es peor en el segundo y último enlace del día. Porque si el de la mañana tarda tres horas, el de la tarde ronda las cuatro. Como los ciclistas.

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