
Reportaje | El día a día en una finca de Abegondo junto a la carretera Betanzos-Santiago
Abren la puerta a la Guardia Civil de madrugada; llaman a la ambulancia al primer ruido que escuchan; atienden heridos. Son consecuencias de vivir junto a una curva
ESTUDIOS BLANCO
Él reclama soluciones. Que pinten mejor la carretera, que la señalicen como tramo peligroso o que cambien el peralte. A ella le pierde la humanidad: «Por favor, que nadie muera en mi leira. Me moriría yo de pena». Son Luis Vázquez y María del Carmen Barrós, dueños de una finca en la carretera de Betanzos a Santiago, en el tramo entre el ayuntamiento y la iglesia, y en el tramo en el que la peligrosidad de una curva les regala accidentes día sí, día también. «Como llueva, hay uno mínimo. Y también los sábados por la noche», explica María del Carmen, que confiesa que, a pesar de lo habitual, no se acostumbra a levantarse por la mañana y encontrarse un coche en su finca. «A veces lo oímos y a veces no», relata. Y esto le da pie a una de las muchas anécdotas que guarda. Fue el día de Santiago, un día de mucho tráfico. De mañana se encontraron un coche en la leira. Ya no había nadie en su interior, pero sí un cargamento de armas. «Yo lo primero que pensé es que eran terroristas que iban a atentar contra alguien el día del Apóstol», recuerda la propietaria de la finca, que aclara que finalmente se trataba, precisamente, de lo contrario. «Eran policías», cuenta entre risas.
Pero sólo se ríe un momento, porque enseguida pasa a otra anécdota no tan graciosa. Fue hace meses, cuando una pareja de la Guardia Civil se presentó en su casa a las cuatro de la mañana. El hijo mayor de María del Carmen y Luis trabajaba entonces de noche y fue en él en el primero que pensaron al ver a los agentes. Pero la visita no tenía nada que ver con él: «Querían avisarnos de que iba a entrar una grúa en la finca para recoger un coche».
Los pinos
Los dueños de la casa creen que, si hasta ahora no ha pasado nada grave -el último siniestro, el pasado jueves, dejó sólo dos heridos leves- es gracias a ello, a que mantienen la finca cuidada precisamente para evitar males mayores. De todas formas, a ellos nadie les agradece nada. «Al de la finca de al lado, si le llega el coche, le indemnizan porque le rompen el cierre. A nosotros, como lo único que nos daña es la cosecha, si tenemos, pues nada», dice María del Carmen.
También por eso no se cansan de reclamar una solución. Ya han ido a los Nuevos Ministerios, a la Xunta, al Ayuntamiento de Abegondo. Y siempre la misma respuesta. Nada. «Pues por lo menos que señalicen y que multen a los que van rápido», insiste esta familia.
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