
La firma sonense factura seis millones de euros anuales y destina el 85% de su producción a bodegas galas
Los setenta empleados de la empresa elaboran tres millones de recipientes al año
SIMÓN BALVÍS
La sonense Maderas Ornanda, una auténtica desconocida para el común de los barbanzanos a pesar de ostentar un liderazgo incontestable en la elaboración de embalajes en madera, lleva más de 30 años surtiendo de cajas portabotellas a las principales bodegas de las zonas vitivinícolas de Burdeos y Borgoña. El mercado francés absorbe el 85% de la producción de la empresa y proporciona gran parte de sus seis millones de euros anuales de facturación. Margoux, Lafitte, Yquem o Petrus son algunas de las firmas que realzan la presentación de sus caldos con los estuches fabricados en la planta de Miñortos.
Los setenta empleados que trabajan en la fábrica elaboran tres millones de cajas anuales, para lo que emplean 25.000 metros cúbicos de pino. La materia prima se obtiene de 13 serrerías gallegas que destinan a la planta barbanzana la mayor parte de su producción. En definitiva, un subsector genuinamente gallego y hasta ahora desconocido.
Reestructuración
El origen de Ornanda responde a un modelo ejemplar de reestructuración y adecuación a las circunstancias del mercado. La firma es la continuadora de Carmade S.?L., la empresa noiesa que hasta principios de los setenta ostentaba un monopolio casi exclusivo en la fabricación de cajas de Coca-Cola.
La irrupción del plástico obligó a sus responsables a reciclarse y buscar nuevos horizontes. Pronto surgió la posibilidad de explotar el mercado de los caldos franceses, cuyos bodegueros son conscientes de la importancia de dotar de una buena presentación a sus artículos, una ventaja que todavía no ha sido asimilada por sus competidores españoles, salvo contadas excepciones en La Rioja o en la Ribera del Duero, donde Ornanda domina el exiguo mercado existente.
De esta forma, la firma sonense acabó especializándose en la fabricación de cajas portabotellas. Las exigencias de los bodegueros franceses, que demandan calidad y variedad, obligó a diseñar un sistema que dotase al producto de un signo de distinción, lo que se tradujo un proceso de transformación especializado y meticuloso.
Una vez que la madera llega a Miñortos, esta es reaserrada y cepillada hasta conseguir un acabado equiparable al de un mueble y, tras pasar por los moldes, esta es remitida en kits a su destino final para su montaje. Para optimizar los recursos, el proceso se repite en distintos puntos de la fábrica, con lo que se consiguen formar varias líneas de producción que permiten afrontar una demanda que alcanza sus cotas máximas entre los meses de mayo y diciembre.
La firma de Miñortos cuenta además con cinco secaderos capaces de tratar 300 metros cúbicos semanales de madera y de una planta de cogeneración, con la que la factoría produce su propia energía y destina el excedente al mercado.
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