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  • 30 de enero del 2004
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ULTIMA

CRÓNICA NEGRAEl juez sentencia que el caníbal alemán quería «la unión más estrecha con su víctima»

El mundo a los cuatro vientos
El juez condena a ocho años y medio de cárcel a Armin Meiwes al considerar que el asesino sólo buscaba «la unión más estrecha posible» con el hombre que se comió



Bernd Juergen Brandes, 

 la víctima del caníbal

La desagradable historia de Armin Meiwes, más conocido como el caníbal de Roteburgo, finalizó ayer con una sentencia que para nada desmerece del esperpéntico tono que ha destilado todo el asunto desde el principio. La Audiencia provincial de Kassel decidió que ocho años y medio era una pena suficiente para un individuo que reconoció haber mutilado, asesinado y comido a otro hombre. Según la legislación alemana, Meiwes podría salir de la cárcel en un plazo de cinco años, al descontar el tiempo que ya ha pasado en prisión y los beneficios de una posible reducción de pena por buena conducta.

En realidad, la sorpresa generalizada no se ha limitado a la condena, sino también a algunos de los argumentos esgrimidos por el juez, Volker Mütze, que admite haberse enfrentado «al límite del derecho penal, porque no hay experiencias sobre esto». El juez había escuchado los alegatos finales del fiscal, que pedía cadena perpetua, y del abogado, que reclamaba «una condena proporcionada», poniendo el acento en que la víctima, Bernd Juergen Brandes, de 43 años, había accedido a ser muerto y comido por su anfitrión y asesino. De hecho, antes de morir, intentó merendarse su propio pene con su nuevo y último amigo. También había escuchado el magistrado a lo largo del juicio las razones de Meiwes, quien confesó que, desde su más tierna infancia, nada le excitaba más que imaginarse a sus compañeros de colegio despiezados y listos para ser comidos.

Ante semejante panorama y con el dictamen unánime de los forenses según el cual Meiwes estaba y está perfectamente cuerdo, el juez aseguró que asesino y asesinado «estaban profundamente perturbados psicológicamente y esperaban cualquier cosa uno del otro». Así que, para el juez, el acto no fue un asesinato porque el homicida no buscaba el placer de matar. El caníbal quería establecer «la unión más estrecha posible» con su víctima, según el juez, que afirma que Meiwes ni siquiera buscaba «sexo y placer», sino «seguridad y recogimiento».

La experiencia de su vida

Para complicar un poco más la coherencia del fallo, el juez no cedió tampoco al argumento de la defensa según el cual, la víctima habría pedido a su asesino que lo matara, de manera que el delito sería algo equiparable a la eutanasia activa. El juez cree que el muerto «no lo pidió en serio» y que lo que realmente pretendía era vivir «la experiencia de su vida».

En cualquier caso, el fiscal ya ha anunciado que recurrirá la extravagante sentencia. El abogado no, por supuesto. Ayer se manifestaba satisfecho con el fallo. Tanto, que predijo que su cliente estaría en libertad durante el año 2008.

Resulta inquietante imaginar a Arwin Meiwes dentro de cuatro años navegando por Internet y buscando compañeros de mesa o algo peor. Su abogado, de momento, asegura: «Meiwes no lo volverá a hacer, con toda seguridad».

Ahora, en prisión, el caníbal podrá aprovechar para perfilar los detalles de lo que será un guión cinematográfico sobre su espantosa historia. Un paso más para sacar a la luz un submundo trágico y oculto en los vericuetos de Internet. Al fin y al cabo, cuando Meiwes puso su anuncio buscando a alguien que quisiera ser comido, recibió en poco tiempo más de doscientas respuestas y varias de ellas revirtieron en visitas a la tétrica mansión en la que se residía. Sólo Bernd Juergen Brandes se quedó hasta el final. Los demás, según quedó probado en el juicio, se arrepintieron en el último momento.

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