
El presidente del Consejo de Defensa había renunciado por un escándalo de tráfico de influencias
Washington seguirá contando con el consejo de Perle, aunque haya abandonado el cargo.
A Richard Perle, uno de los artífices de la estrategia de guerra en Irak, no le ha quedado más remedio que dimitir como presidente del Consejo de Defensa del Pentágono. Sin embargo, el escándalo sobre tráfico de influencias en el que se ha visto envuelto no parece que vaya a limitar su poder en una Administración cuyo brazo armado dirige su íntimo amigo Donald Rumsfeld, quien escucha sus palabras como si fueran el maná divino. Y es que el secretario de Defensa de EE.UU. parece haber obviado que la ranuncia de Perle también se ha visto precipitada por las críticas recibidas por sus recomendaciones al Gobierno de Bush sobre Irak.
Perle ha dejado su puesto como presidente del Consejo pero se quedará dentro de dicho organismo, a petición expresa de Rumsfeld, quien lo ha definido como «un hombre de integridad y honor». Al contrario, el portavoz del Gobierno iraquí, Mohamed Said al Sahaf, lo calificó de «criminal de guerra sionista». Para el régimen de Bagdad, su dimisión es «el principio de la desintegración de la banda de bandidos que planeó la guerra contra Irak».
Escándalo
Perle servía en los últimos meses como consultor para esta compañía, que estaba esperando la aprobación del Comité de Inversiones Extranjeras para dar vía libre a una inversión china de millones de dólares para Global Crossing y que introduciría en el bolsillo de Perle una comisión de 725.000 dólares.
El Comité había mostrado sus dudas respecto al negocio, ya que su misión es supervisar todas las fusiones o compras relacionadas con otros países para no poner en peligro los intereses de Estados Unidos.De ahí la importancia de Perle como asesor, amigo de muchos de los integrantes del Comité de Inversiones, que incluye al propio Rumsfeld. Conyers presentó una solicitud para que el departamento de Defensa revisara el posible conflicto de intereses. Pero Perle ha sido más rápido y antes de obligar a su propio jefe a reconocer el problema, ha dimitido y ha renunciado al dinero que ya había recibido de la empresa. «No puedo sofocar rápidamente las críticas que han caído sobre mi basadas en errores de facto relativos a mis actividades, así que lo menos que puedo hacer es presentar mi dimisión». Su renuncia ha sido admitida por el Pentágono, quien agradeció al ahora ex presidente del Consejo de Defensa, sus servicios. Además, alabó su «interés por preservar la fuerza y la libertad de América».
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