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  • 02 de enero del 2003
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«En el barco no había disposición alguna para arrancar la máquina»




Serafín Díaz puso en marcha el motor del «Prestige»

Serafín Díaz Regueiro, inspector marítimo, llegó a las 10 horas del día 14 de noviembre a la cubierta del Prestige con la consigna de poner en marcha el motor del petrolero para iniciar la maniobra de alejamiento. En su declaración judicial, relata las numerosas dificultades con las que se encontró para poder llevar a cabo su misión. Primero habló con el capitán, Apostolos Mangouras, y éste requirió la presencia del jefe de máquinas, que llegó «con cierto retraso».

El responsable de la maquinaria indicó al principio que carecía de aire para el arranque. Se le dijo que pusiera en marcha el otro compresor, pero dijo que estaba roto. Después se le comunicó que debía activar la bomba de lubricación, la de circulación de agua salada y la de agua dulce. El jefe de máquinas alegó que carecía de potencia eléctrica suficiente para hacerlo.

Más tarde, Serafín Díaz optó por poner en marcha uno de los motores auxiliares, «pero el jefe de máquinas manifestó que no se podía arrancar». Entonces, con tres tripulantes filipinos intentó arrancar el otro motor auxiliar, «no pudiendo hacerlo porque estaba cerrada la válvula de combustible».

Una vez abierta, el motor comenzó a funcionar, pero no se acabaron ahí los obstáculos. Al pedir que se acoplasen los alternadores, un tripulante filipino dijo que no había potencia suficiente y que había que calentar el generador. Después se limpiaron los filtros y se comprobó que «había dos palancas rotas» que servían para activar la bomba de inyección.

Ante estas dificultades, Serafín Díaz afirmó que llegó a amenazar al jefe de máquinas con que, si no colaboraba, avisaría a la Guardia Civil. No obstante, el inspector no se atrevió a asegurar que existía un acuerdo entre el capitán y el maquinista para obstaculizar la puesta en marcha del motor. En cualquier caso, cree que «la válvula de combustible del motor auxiliar tuvo que ser cerrada voluntariamente y para dificultar su encendido» y que, en su vida profesional, «nunca vio rota una palanca de la bomba de inyección», una rotura que, en su opinión, no se produjo por la escora del barco.

Maniobra esencial

La operación de encendido del motor era primordial para el alejamiento del Prestige, ya que la velocidad alcanzada con los remolcadores no era suficiente. Tras relatar las dificultades, Serafín Díaz llega a una conclusión: «En el barco no había disposición alguna para arrancar la máquina».

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