
El naufragio en Fisterra de un mercante con 800 toneladas de productos tóxicos el 5 de diciembre de 1987 también sorprendió a Galicia sin un plan de actuación
XURXO LOBATO
En el puerto de Fisterra hay un monumento que recuerda a los muertos en la Costa da Morte. Es el ancla del Cason, el mercante panameño que encayó y se incendió frente al cabo el 5 de diciembre de 1987 cargado con 800 toneladas de productos tóxicos. El accidente provocó una de las crisis sociales y políticas más graves de la historia de Galicia, probablemente sólo comparable a la del Prestige. Y eso que las consecuencias de aquel naufragio no alcanzan, ni de lejos, la magnitud de las que está provocando la marea negra a la que se enfrenta ahora el pueblo gallego. «El Cason no fue ni la sombra de la sombra de ésto», dice el fotógrafo fisterrán Juan Fuentes. Sin embargo, quince años después, algunas cosas siguen como entonces.
Falta de previsión
En 1987, Galicia no disponía de un plan de actuación para catástrofes de este tipo. Hoy tampoco, y en la Costa da Morte siguen preguntándose qué pasará si otro barco peligroso sufre un accidente en sus aguas. ¿Lo remolcarán a puerto? ¿Lo toarán mar adentro? ¿Lo hundirán esperando que su contenido se congele en el fondo del mar?
Descoordinación
El presidente de la Xunta en 1987 era el socialista Fernando González Laxe, quien reconoce que, cinco días después de que el Cason encallara, llamó indignado a Felipe González por las dificultades de su Gobierno para coordinarse con Madrid. La desorganización también ha lastrado la respuesta oficial a la tragedia del Prestige.
Escasez de medios
El Cason se hundió tras varios días de explosiones. También agonizó el Prestige frente a la costa. «¿Qué medios tenemos quince años después para hacer frente a estas situaciones?», se pregunta Laxe. El remolcador Alonso de Chaves, que participó en el rescate del Cason, tenía en 1987 su base en A Coruña. Ahora la tiene en Gijón.
Desinformación
La población de Fisterra huyó de la zona despavorida y en masa. La falta de información oficial sobre la peligrosidad de la carga del Cason provocó rumores, alentados por varios medios de comunicación, que hablaban incluso de combustible nuclear. Al principio de la crisis del Prestige, el Gobierno se jactó de haber evitado una catástrofe ecológica, y hay fuentes oficiales que, a día de hoy, siguen sin hablar de marea negra. Prefieren llamarle vertido.
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