
Se plantea nuevamente la cuestión ya vieja de la enseñanza de religiones en la escuela. En estados confesionales la cosa es más fácil: se nace musulmán, ortodoxo o católico. No tiene remedio: los dogmas de su credo religioso se convierten en elementos objetivos a estudiar como si fueran leyes científicas o teoremas geométricos y quien no está muy de acuerdo en conciencia, mejor disimula y se calla. La ortodoxia se convierte en ciencia positiva. Los sectarios consideran que la defensa de la ciudadanía de sus manejos e intoxicaciones es un ataque a la Religión. Nada menos. Incluso dentro de la religión oficial, su mística ya resulta sospechosa, puesto que cuestiona las estructuras de poder sacerdotal al prescindir de ortodoxias.
Cuando no existe religión oficial, las cosas se complican si cada familia pretende que a sus hijos les inculquen en la escuela las creencias de su propia religión de la mano de sus propios sacerdotes, pagados por todos.
Para tratar de diferenciar lo que es de dominio público de lo que es asunto individual de conciencia, se inventó el laicismo y la que debería ser su pareja inseparable, la tolerancia. Ambos derivados de la condición humana. De su libertad y su forma relativa de conocer. Como dicen los chinos: «El Tao que puede ser expresado con palabras no es el verdadero Tao». En una joya del Islam andalusí se explica que es más fácil encontrar áreas comunes de conocimiento y diálogo entre laicos y místicos, que entre éstos y los poderes establecidos de su propia religión.
Antes del dominio de las religiones monoteístas, existía en la Antigüedad la Institución de los Misterios. Más que transmitir contenidos cerrados, trataba de que el buscador o iniciado descubriera experimentalmente por sí mismo ciertas realidades psíquicas. Los medios empleados eran varios: psicodramas, magnetismo, empleo controlado de sustancias psicogénicas en rituales establecidos, etcétera. Su objetivo era alcanzar lo que llamaría Jung la experiencia de lo numinoso .
Si hay que estudiar religión en la escuela, el enfoque debe ser liberal: dirigido a comprender el arte sagrado, el lenguaje simbólico, al estudio de las religiones comparadas, desde una perspectiva abierta de búsqueda de la propia verdad interior. De crear el propio diccionario, sincero y personal, para hablar con lo sagrado fuera del proselitismo de las castas sacerdotales. Para formar ciudadanos y no creyentes.
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