
El alemán de la Costa da Morte está ingresado en el hospital de Cee con una lesión en una pierna
El alemán de Camelle, Manfred, tuvo que ceder y abandonar su particular universo a orillas del Atlántico para ingresar en el hospital Virxe da Xunqueira de Cee. Allí se recupera de su enfermedad y de una infección en su pierna derecha. Man mira con preocupación su pie, todavía hinchado, y suspira por regresar a su querido Camelle. Esta vez, el artista acudió voluntariamente al médico y aceptó ser trasladado al sanatorio, donde ha hecho muy buenas migas con el personal que se encarga de atenderlo.
CASAL
No obedeció al alcalde ni a la Guardia Civil. En diciembre se negó a recibir asistencia médica. Pero ahora descansa en un hospital. Después de unos minutos, Man encuentra la palabra: «Ambulancia». Así fue como llegó a Cee desde Camelle. El pasado mes de diciembre ya había sufrido una enfermedad que lo dejadó todavía más delgado. Entonces, se negó a acudir al hospital. Sólo quería morir tranquilo.
Por propia voluntad
Sin embargo, Man cuenta que ahora acudió al médico de Camelle y aceptó ingresar en el hospital. El alemán más conocido en la Costa da Morte mira su pierna hinchada y reflexiona: «Esto estaba muy mal. Ahora mejor».
«Todos son muy buenos», afirma. Se le ve contento, a pesar de estar en un lugar que para él podría ser en una cárcel. Está encantado con el trato de enfermeras y médicos recibido en el hospital y con la atención que tuvo en Camelle.
Desde la ventana de su habitación se ven apenas tres casas y una colina al fondo. La cama contigua está vacía. «Aquí puedo pensar tranquilo», dice.
Pero a pesar de estar aparentemente relajado sólo piensa en regresar a Camelle cuando esté curado porque, como él dice, refiriéndose a los médicos: «Ellos son los que me mandan».
Para pasar las horas se ayuda de un libro en alemán. Sobre su mesa, un plato con frutas y por primera vez en años su cuerpo cubierto con un pijama que espera poder quitarse pronto. No quiere que le hagan fotos. «Con esta chaqueta no», advierte. Y es que tanto al visitante como a él mismo se le hace extraño verlo vestido con tanta ropa.
Conserva intacta su amabilidad. Agradece la visita y fija la próxima cita en Camelle, en su museo. «Tengo muchos pensamientos para hablar», comenta Man. Sin duda, la estancia hospitalaria no le vence.
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