
El disfraz de dálmata, última incorporación al vestuario carnavalero de los coruñeses más jóvenes
El lunes de Antroido devolvió a A Coruña el cielo gris y el chorreo celestial que acompaña a sus habitantes desde el pasado otoño. El mal tiempo, unido a la resaca lógica del duro fin de semana, limitó la presencia del personal en la calle. Hubo, eso sí, los incondicionales que no se rindieron ni ante la adversa meteorología. Fue el caso de los niños de Monte Alto, que acudieron por docenas al centro social de su barrio para disfrutar de una tarde de juegos y concursos. Muchos otros aprovecharon el mal tiempo para refugiarse en el siempre acogedor teatro Rosalía y disfrutar del último pase del apropósito «Sir o no sir», que este año ha interpretado con talento y creatividad la agrupación Sende.
EDUARDO
Las filloas del concurso de Radio Voz se llevaron la palma por la mañana. Predominaba el ambiente serio de las resignadas y pacientes amas de casa, pero la comparsa Monte Alto a Cien se encargó de animar el día con sus chascarrillos y bullicio habitual.
Por la tarde apareció la lluvia, Carnaval pasado por agua, pensaron los más juerguistas sin perder un ápice de entusiasmo. Claro que el agua caída del cielo en la tarde de ayer en la ciudad deslució los actos programados.
Sin embargo, los miembros de la agrupación Sende se mojaron a gusto para ironizar sobre la vida y habitantes de la ciudad en los últimos doce meses con la representación del apropósito Sir o no sir. El sábado lo escenificaron en el centro social de Monte Alto y ayer hicieron otro tanto en el Teatro Rosalía, donde el público disfrutó con el sarcasmo de una pieza dirigida por Plácido Insua e interpretada por un total de quince actores.
El colorido no sólo estuvo sobre el escenario. En el teatro y sus alrededores se vieron los primeros choqueiros, ya calentando gargantas y pulmones para el largo desfile de hoy en la calle de la Torre.
Pequeño festival
Menos niños que otras veces se pudieron ver por toda la ciudad. Los más se reunieron en el centro social de Monte Alto para mostrar sus diseños de este año. Una novedad importante fue la proliferación de pequeños dálmatas corriendo por todas partes. «Ahí va una vaca loca», pensaron los más despistados. Pero no. Era un infante disfrazado de perrito dulce y moteado. Tuvo suerte, porque a Cruela de Vil no se le vio por ninguna parte.
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