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  • 02 de febrero del 2001
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Deportes

Los orígenes de la 'bomba' Navarro

BALONCESTO / LIGA ACB

  • Autor del comentario:
    ALFONSO HERRÁN
    Localidad:
    LUGO
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La tía de Navarro repasa fotos del jugador que adornan una de las estancias de su casa en Gomesende

				PRADERO

Un tenue rayo se debate por surgir entre la espesura de la niebla que se enseñorea colina arriba en la pequeña aldea de Gomesende, perteneciente al Ayuntamiento de Pol. Dentro de su manto, el pueblecito persiste luminoso y desnuda su verde frescor, tierno, entremezclado por el hedor que produce el silo, almacenado para dar alimento a las intachables vacas de toda la comarca. Algunas mugen más allá, en donde la niebla decae y atenúa su poderío. Los pájaros arrecian con su jolgorio, incontenible ya. Las colinas del fondo se distinguen unas de otras, se separan, se acercan o se alejan, según el paso que ofrezca el visitante.

Por ese dominio de los claroscuros, nadie diría que un día correteó por allí una de las estrellas del baloncesto español. No hay signos evidentes de que la Bomba Navarro creciera en aquel paisaje en donde reina el silencio, aquel que emana de las faldas de la montaña, como si arraigara en ella.

En uno de los repliegues del monte, el camino principal se ramifica, formando un trivio, con dos senderos laterales. «Sí que chegou lonxe o rapaciño», apunta un pastor robusto de aspecto jovial con el palillo entre los dientes en una ladera, apoyado en un contenedor de plástico mientras sus ovejas descansan sobre la fresca hierba. Al final de uno de los senderos, se yergue una casita restaurada, que besa el horizonte y empieza a trepar. «Aquí viña a xogar de vez en cando, aínda que era moi pequeno e non lle daba por traballar no campo; só pensaba en pasalo ben», inicia con timidez Amalia, la tía del gran escolta azulgrana. Su apariencia capta la atención del observador menos curioso. Es una mujer coloradeta, tímida, de mirada dulce y distraída, y eso que la nariz afilada y un poco aguileña infunde al rostro una expresión vigilante. También su barbilla delata una firme voluntad, aunque sus ademanes expresan a veces perplejidad. «A última vez que veu de visita foi en xullo. Xogou fai pouco en Ourense, pero non se pudo acercar. Agora xa ten o seu coche; lembro cando o levaba o seu pai ou cando arrancaba a bicicleta para ir xogar o Pabellón de Meira», rememora, mientras a su espalda se acomoda María del Mar, prima de Navarro, que después rebusca fotos antiguas del jugador, que el domingo se enfrenta al Breogán.

Su hermana se marchó a Barcelona hace más de treinta años, tras contraer matrimonio con Ricardo, un andaluz que le extrajo de aquel paisaje ensoñador. Fruto de esa unión, nacieron Juan Carlos y un hermano, que recibió también el nombre de Ricardo. En la casa vive la abuela de Navarro, Genoveva, su tía y su prima. Amalia apunta que «sempre que votan partidos del polo canal que temos vémelo. É moi bo, ¿eh?».

A cualquier extraño se le va la vista a sus manos, enormes, robustas, curtidas por el trabajo diario en el campo. «¿Irán a verle el domingo?, mire que juega un partido importante en el Pabellón Universitario ante siete mil personas...», le preguntan. En esa ocasión aparece en los ojos de Amalia una expresión vacía y ausente; y si la evidente sobriedad que parece regir sus costumbres no obligase a desechar tal idea, cualquiera podría deducir que se encuentra bajo una persona que forma parte del paisaje. Pero con un acceso de actividad retoma su labor con una carretilla llena de estiércol para mostrar su energía inagotable al tiempo que finaliza: «Sí, irémolo ver».

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