«Estos no son musulmanes ni tienen el Corán en sus casas»

Mina, marroquí y vecina del detenido en Arteixo, teme ahora salir de casa: «Me van a señalar al llevar el velo»


A Coruña / La Voz 30/11/2016 13:17

Mina Zaidra es una marroquí que vivía junto con su marido y sus hijos, de 7 y 11 años, puerta con puerta con Adbdelkarim Tergou, el argelino detenido el lunes en Arteixo como supuesto miembro de una red que introducía terroristas yihadistas en Europa.

La mujer quiere hablar para dejar claro «que no todos los musulmanes son como Tergou». Dice del argelino y de los que actúan como él «que no son musulmanes ni tienen el Corán en sus casas». Mina asegura que el islam «no nos permite hacer daño ni matar a nadie». Y subraya «que menos mal que los policías -en el caso del lunes la Guardia Civil- actuaron a tiempo y gracias a Dios evitaron que nuestro vecino hiciese algo fatal».

Zaidra asegura que lo único que logran este tipo de personas «es que los demás hagan una foto equivocada de nosotros, que la gente crea que los musulmanes somos mala gente, y no es así. Salimos de nuestros países para buscar una vida mejor, sobre todo para nuestros hijos, y para ello tenemos que integrarnos y respetar la cultura y las costumbres de quienes nos acogen».

De hecho, Mina no sale de casa desde el lunes, desde el arresto de su vecino: «Me conoce mucha gente porque participo en cursillos y ahora tengo miedo a que me señalen por llevar el velo». Sus temores y los de su familia, tras la entrada de la Guardia Civil en el piso de Tergou, van más allá: «Ni tan siquiera comemos, los niños no quieren dormir solos y temen que les digan algo en el colegio».

Además, «¿quién me va a dar un trabajo ahora en Arteixo?», preguntó la mujer, que trabajó como limpiadora en el colegio de la localidad. «Este hombre -refiriéndose al argelino detenido- hizo mucho mal a nuestra comunidad y a toda la localidad», subrayó.

Mina y su pequeña Yassmin, de 7 años, aún recordaban ayer el operativo policial. Estaban dormidos y los despertó el ruido del derribo de la puerta. «Mi marido se levantó y salió al rellano, pero los guardias le dijeron que entrase en casa». El esposo de Zaidra continuó observando el operativo desde el interior de su piso, pero un agente le tapó la mirilla.

La mujer dice que conocía poco al detenido y a su compañero de piso porque llevaban dos meses residiendo en el edificio. «Parecían buena gente. Trabajaban mucho en el monte. Salían temprano y volvían tarde, y casi no recibían visitas. Lo ocurrido nos cogió por sorpresa», subrayó.

Arteixo vivió el día después de las detenciones con normalidad. El alcalde, Carlos Calvelo, quiso enviar un mensaje de tranquilidad: «El problema estaba en casa, pero se trató de un hecho puntual. La comunidad magrebí no crea dificultades».

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