La lectura del primer año en servicio no es buena para nadie, ni siquiera para las arcas del Estado. Pero el impacto en las economías locales es «devastador» según las asociaciones de comerciantes y empresarios del norte luso.
El alcalde de Viana explicó ayer que «desde que los peajes entraron en servicio, en octubre del año pasado, han cerrado ya 67 negocios de restauración en el distrito de Viana do Castelo». El descenso en la afluencia de turismo por la A-28 (autovía litoral) ronda el 37 %, según el propio Ejecutivo luso y los potenciales beneficios para el Estado solo se plantean a tres o cuatro años vista.
El tiempo que Portugal prevé para comenzar a rentabilizar el cobro juega en contra de los municipios del norte. «Cada vez nos asfixian más y están cerrando fronteras», advierte el regidor de Vilanova da Cerveira, José Manuel Vaz Carpinteira. Hasta este último municipio, a solo diez kilómetros de la frontera de Tui y con conexión directa con Tomiño, se pretende adelantar el sistema de pago. Ya se han colocado las máquinas electrónicas para abonar los peajes, y las nuevas cabinas que permitan cobrar otros 30 kilómetros de la A-28 se esperan para el primer trimestre de año. Sí hay una diferencia sustancial con el Algarve, que agrava aún más la frontera luso-galaica. Los habitantes de los diez municipios lusos del norte de Viana tienen 10 viajes gratis al mes por este vial. Sus usuarios más rentables son gallegos.
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