Inferiores a las de Salamanca, las medidas de protección del libro eran correctas para la Iglesia
«El Códice Calixtino lo guardamos, junto con otros manuscritos de valor, en una sala acorazada con doble puerta de seguridad a la que solo tenemos acceso un grupo muy reducido del personal, tecleando unos códigos secretos y abriendo con llaves especiales. Ya dentro de la estancia, hay sensores de alarma y cámaras de vigilancia. [...] A pesar de todo, esta mañana, nada más enterarme de lo que había pasado con el de Santiago, lo primero que he hecho es ir allí a comprobar que el nuestro estuviera». Eso explicó ayer a La Voz, consultada al respecto, Margarita Becedas, directora de la Biblioteca Universitaria de Salamanca, una de las únicas cuatro en todo el mundo que custodian versiones completas del Liber Sancti Iacobi. Muy inferiores a estas salmantinas, las medidas de seguridad que rodeaban al ejemplar desaparecido de la catedral compostelana acaban de quedar en cuestión.
¿Dónde estaba?
En una de las dos plantas del archivo de la catedral de Santiago, al lado de otros documentos relevantes, sobre un cojín y bajo un paño bordado, dentro de una estancia de seguridad sin ventanas, compuesta por gruesos muros de piedra y accesible a través de una pesada puerta metálica habitualmente cerrada bajo llave. Para alcanzar ese punto, antes se ha de franquear, previo timbrazo, la entrada principal de la institución depositaria del libro. Y hasta allí se llega a través del museo del templo, comprando tique, o bien, vía sacristía, salvando la conexión de la basílica con los pasillos de su claustro, donde normalmente hace guardia una monja.
¿Cuántas personas tienen llave de esa sala?
Tres. El canónigo archivero mayor y también deán de la catedral, José María Díaz, de 80 años, y dos de sus más estrechos colaboradores: el medievalista José Sánchez y un colega.
¿Y eran suficientes las medidas de seguridad?
Para Díaz y su entorno, sin duda lo eran; para el resto del mundo, depende de a quien se le pregunte. Para el gerente de una empresa privada de seguridad que accedió a contestar desde el anonimato, «son de chiste, no solo las medidas en sí, sino los protocolos de acceso». En cambio, al secretario de la Real Academia Galega, Xosé Luis Axeitos, le parecieron «correctas abondo» cuando el año pasado tuvo la oportunidad de apreciar in situ el Códice Calixtino. «Estaba -precisó- pousado nunha mesa tras unha porta tremendamente grosa, nunha especie de cripta que transmitía a sensación de cámara blindada, un punto practicamente inexpugnable ao que só se pode chegar, subindo unhas escaleiras antes, con acompañamento autorizado». ¿Y qué opinan los policías conocedores del caso? Uno de ellos, también extraoficialmente, espetó: «Si tú compras un coche blindado y andas por ahí con las ventanillas bajadas, pues luego pasa lo que pasa».
¿Cuánto tiempo transcurrió entre la desaparición del volumen y la denuncia?
A la Iglesia, según el testimonio coincidente de varios de sus responsables, le consta que, cuando menos hasta el jueves o el viernes de la pasada semana, el volumen se encontraba en su sitio. De su desaparición se percató ya hacia las siete de la tarde del martes, si bien hasta las ocho y media no puso en conocimiento de la situación a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Además, aguardó a las 18.45 horas del miércoles para denunciar formalmente los hechos.
¿Tiene seguro? ¿Es necesario?
La catedral, como continente, sí dispone de una póliza general, pero las joyas que aloja -esta sustraída, por ejemplo- carecen de coberturas particulares. El Arzobispado de Santiago nunca llegó a considerarlas necesarias, aduce ahora. Cuando en el 2009 los comisarios de la exposición Las edades del hombre le habían solicitado poder sacar el códice de la basílica para mostrarlo en itinerancia, sí exigió a cambio la concertación de un seguro por importe de seis millones de euros.
¿Hubiese ocurrido lo mismo si lo custodiasen autoridades civiles en lugar de eclesiales?
«Non podo facer ningún tipo de especulación a ese respecto, e menos polo de agora», se limitó a responder ayer, preguntado sobre esa cuestión, el conselleiro de Cultura e Turismo, Roberto Varela, quien se encontraba compareciendo ante los periodistas entre la biblioteca y el archivo del Gaiás, cuyos fondos más valiosos cuentan con unas medidas de seguridad a años luz de las habilitadas en la catedral.
¿Existen precedentes de algo similar?
Sí, aunque, obviamente, a otra escala. Porque del templo santiagués los amigos de lo ajeno ya se habían llevado con anterioridad algo realmente preciado: en mayo de 1906, serrando los barrotes de una ventana, una cruz de oro como la de la Victoria que se halla en la Cámara Santa de Oviedo, al igual que aquella también donada por Alfonso III. Transcurridos 105 años, aún no se ha vuelto a saber de ella.
¿Cuánto vale?
«Para min, é a Biblia dos galegos, parte fundamental na construción deste país. Sen el, Compostela é impensable. ¿Canto pode custar iso? Non hai taxación posible, é incalculable. Pódelle poñer prezo quen o roubara pero, en rigor, non o ten», cree Xosé Luis Axeitos. No obstante, expertos en subastas de arte entrevistados por este periódico -ver página 5 de la edición de hoy- cifran su posible valor de mercado en diez millones de euros, «si saliese a puja».
la catedral por dentro el templo sufre otro robo sonado 105 años después de perder la cruz de alfonso iii
Texto escrito con aportaciones de Camilo Franco, Marga Mosteiro, Concha Pino y Nacho Blanco.
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