PSOE y BNG recelan del corsé que plantea Feijoo para controlar el déficit
La inmediatez de las elecciones municipales, que se celebrarán en apenas dos meses, y el constante cruce de reproches entre los grupos políticos dificultaron ayer que en la primera sesión del debate sobre el estado de la autonomía se abriera alguna ranura para el entendimiento en torno a asuntos colocados por el presidente de la Xunta sobre la mesa, como el pacto para salvar la caja de ahorros o el «blindaxe» del gasto social dentro del corsé de la estabilidad presupuestaria, de la que tanto el PSdeG como el Bloque recelan.
El mandatario autonómico fue el encargado de empezar a repartir juego por la mañana lanzando un envite a los grupos de la oposición para buscar puntos de entendimiento en torno al futuro de la caja, la racionalización de un gasto farmacéutico que supera los 1.100 millones de euros al año o sobre un proyecto legislativo para autoimponerle a la Xunta un techo de gasto público para contener el déficit y enviar un mensaje en positivo a los mercados.
Mano tendida
Feijoo invocó un pacto con los grupos de la oposición para preservar la caja fusionada, pues entiende que «hai marxe» para que Novacaixagalicia pudiera captar los 1.527 millones de euros que precisa para poder alcanzar el 8% del capital principal y operar como caja vinculada a un banco. «A unión de forzas é a única garantía de futuro», dijo el presidente tendiendo la mano, mientras el portavoz del BNG, Carlos Aymerich, aludió a una publicación del 2008, firmado entre otros por Luis de Guindos, el que fuera secretario de Estado de Economía en el Gobierno de Aznar, para desvelar la que en su opinión es la agenda oculta del PP en España, que pasa por desvincular las cajas del poder autonómico. También el líder del PSdeG, Pachi Vázquez, eludió recoger el guante, al culpar directamente al presidente de la Xunta de haber conducido a la caja a su situación actual, en la que no podría seguir existiendo como tal.
La misma suerte corrieron las demás llamadas al consenso en torno a la estabilidad financiera o el compromiso para hablar el mismo lenguaje en política social, donde se condensaron la mayor parte de las discrepancias entre la Xunta y la oposición. De hecho, Feijoo mostró su proyecto de ley de estabilidad como una vía para que Galicia pueda ganar confianza en los mercados y captar inversión, pero también como la salida para evitar el recurso a los «bonos patrióticos» emitidos, dijo, por el anterior tripartito catalán «a un interés máis alto que o de Grecia».
Condiciones del PSdeG
Aymerich no dejó lugar a dudas, y replicó: «¿Quere saber a nosa posición? Non», dijo tajante sobre la ley de estabilidad, mientras Pachi Vázquez condicionó cualquier diálogo en este sentido a que la Xunta renunciara a la financiación público-privada con la que se construirán los hospitales de Vigo y Pontevedra, así como un total de 21 centros de salud.
Los escarceos entre el Gobierno y la oposición en materia social fueron constantes durante todo el debate, minando cualquier perspectiva de acuerdo. Feijoo, que apeló en todo momento a «xestionar unha realidade» difícil marcada por la crisis, dejó un mínimo espacio para pactar un blindaje del gasto social.
No obstante, ni PSOE ni BNG mordieron el anzuelo. «Preocúpanos que neste país o investimento por alumno sexa máis baixo, que caera o gasto en I+D+i e que haxa 600.000 galegos por debaixo do limiar da pobreza», recriminó Aymerich. Y Vázquez añadió: «O peor é a hipoteca futura para a sanidade pública» con el recurso a la financiación privada, que Feijoo en ningún momento planteó retirar de la agenda de su Gobierno.
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