Cree que hay muchas leyendas negras que enemistan religión y ciencia
Su base de operaciones es la Universidad Pontificia Comillas, en Madrid, donde ha ejercido la docencia 33 años. «Mientras no me manden a la enfermería -bromea- creo que me dejarán seguir allí». Manuel María Carreira Vérez, (Vilarrube, Valdoviño, 1931), jesuita, teólogo, filósofo y astrofísico, ha trabajado en proyectos de la NASA.
-¿Qué fue antes, la llamada espiritual o el interés científico?
-Ambos conceptos no están tan separados. Tengo un problema: quisiera tener cuatro vidas simultáneamente porque me han gustado muchas cosas: el arte, la literatura, la pintura... y, especialmente, la ciencia. Mi madre tenía una colección de minerales que yo estudiaba. Desde muy pequeño quise ver los cráteres de la Luna y logré hacerme un pequeño telescopio. Tengo intereses muy variados y en todos ellos hay, al mismo tiempo, ciencia y humanidades. Hay problemas que se pueden entender y presentar de una manera más completa con el punto de vista variado de filosofía, teología y ciencia; eso es lo que intento hacer.
-Pero un debate entre ciencia y teología no es un debate entre iguales...
-Es un debate distinto, porque la ciencia solo trata de cómo actúa la materia. La ciencia no me puede decir directamente nada de teología y viceversa. Pero como la teología, finalmente, tiene que tratar del ser humano y en el hombre no puede uno olvidarse del cuerpo, que es materia, cuanto más entiendo la materia, más puedo entender algunos de los problemas teológicos que se relacionan con el ser humano.
-Cuando miraba por aquel primitivo telescopio, ¿soñaba con mundos más allá de este?
-No. Me gustaba, simplemente, ver los planetas, la Luna, el Sol... Aunque, como niño, me gustaba leer cosas de ciencia ficción que hablaban de extraterrestres, pero nunca me los tomé en serio.
-¿Estamos solos?
-Probablemente. No hay indicación alguna que nos permita decir otra cosa. Repito lo que dijo un gran científico soviético en un congreso de la Rusia comunista: probablemente somos caso único en el universo. Nuestra existencia le parecía, literalmente, un milagro. Y decía que si hay otras formas de vida, nunca nos enteraríamos porque las distancias son insalvables.
-Los creyentes tienen una ventaja: adonde la ciencia no llega, lo hace Dios...
-Sí. El puramente científico no puede responder a dos preguntas que los propios científicos han hecho, las más importantes: ¿Por qué hay algo en lugar de nada? ¡Eso no lo responde ningún experimento! Y la segunda. ¿Qué relación hay entre las propiedades del universo y la existencia humana? Wheeler dijo que, si no sabemos responder a esto, verdaderamente no comprendemos nada suficientemente. Ahí es donde filosofía y teología dan una visión más completa.
-Históricamente, la ciencia ha chocado con la religión...
-Hay mucha leyenda negra que no responde a los hechos. Nunca se me ha presentado un hecho científico incompatible con conocimientos teológicos, jamás.
-¿Y Galileo?
-Galileo estaba equivocado creyendo que podía demostrar que la Tierra giraba alrededor del Sol. Atribuía las mareas a que la Tierra giraba alrededor del Sol, y eso es mentira. A Galileo le dijeron: Deje usted en paz a los teólogos que creen que el Sol gira alrededor de la Tierra, y cuando tenga una prueba, corregiremos el modo de interpretar la Biblia. ¿Metieron en la cárcel a Galileo? ¡Ni un minuto! ¿Lo torturaron? ¡Nadie le tocó un pelo! Galileo murió como católico creyente con bendición papal. Su castigo fue que no hablase en público de algo que no era cierto como cierto y que dijese unos cuantos salmos cada semana. Son los hechos.
-¿Le gustaría ver la Tierra desde un cohete?
-Sí, por placer estético, pero no cuento con ello [se ríe].
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