«Para mi madre suponía mucho que tuviera un entierro y funeral cristiano», contaba ayer Mari Carmen Blanco Lapido, la hija de la viuda.
Un párroco de Monforte se negó a oficiar un funeral por un octogenario porque el hombre vivía con una mujer sin estar casados. «Para mi madre suponía mucho que tuviera un entierro y funeral cristiano», contaba ayer Mari Carmen Blanco Lapido, la hija de la viuda, indignada todavía con la decisión del sacerdote. Ocurrió la semana pasada, y finalmente hubo entierro y funeral, pero oficiado por otro cura y en otra parroquia de Monforte.
Isidoro Rivera Blanco murió el jueves a los 81 años. Había nacido en Monforte y trabajó durante años como inspector de Renfe en la estación de Vigo, pero hace ya unos años que vivía en el barrio de O Morín con su compañera. Tras el fallecimiento, la familia lo preparó todo para enterrarlo en el cementerio municipal de Monforte. El jueves incluso avisaron al párroco, que se acercó a la casa del moribundo y le administró la extremaunción. Al día siguiente, no obstante, el sacerdote se acercó al tanatorio en el que la familia velaba a Isidoro y le pidió a la viuda que saliese de la sala un momento porque quería hablar con ella. «Le dijo -cuenta la hija- que no le iba a hacer el funeral, que estaban en pecado mortal, y que por eso el cadáver no podía entrar en la iglesia y que a mi madre no se le ocurriera pedir la comunión». La familia cuenta que el cura les sugirió acompañarlos durante el entierro para rezar unas oraciones, pero se negó en rotundo a oficiar un funeral.
Según las fuentes consultadas, el propio sacerdote avisó al Obispado de lo que había ocurrido. Poco después, cuando un portavoz de la familia ya había llamado por teléfono al párroco de la Estación para rechazar su ofrecimiento de acudir al entierro a rezar un responso, se presentó en el tanatorio otro sacerdote de Monforte y se ofreció para oficiar el funeral él mismo.
Finalmente, la misa de funeral se celebró en la iglesia de San Vicente oficiada por el cura de esa parroquia. Al ser preguntado por este diario, el párroco de la Estación declinó comentar lo ocurrido.
La familia no sabe exactamente cómo el cura del barrio se enteró de que el fallecido y su pareja no estaban formalmente casados, pero suponen que pudo haberse percatado al ver la esquela pegada al lado de la iglesia. «Vería que en la esquela ponía ??su compañera??», explica Mari Carmen Blanco. El uso de esa fórmula en vez del tradicional «esposa» los habría delatado ante el párroco.
«Le dijo que estaban en pecado mortal y que el cadáver no podía entrar en la iglesia»
M. Carmen Blanco
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