La bala no pasó de una pared y tras un breve altercado, el funcionario se tranquilizó y fue detenido
El Cuerpo Nacional de Policía le había retirado el arma reglamentaria a José Manuel González debido a la profunda depresión que estaba atravesando hace justo un año. Pero de algún lugar sacó una pistola este subinspector, que había sido maestro armero y con una brillante hoja de servicios, según la Jefatura. Así, armado, se presentó en el domicilio familiar, que había abandonado días atrás al iniciar los trámites de separación de su esposa, y disparó en el portal, en presencia de esta. La bala no pasó de una pared y tras un breve altercado, el funcionario se tranquilizó y fue detenido. El juez decidió entonces su ingreso en un centro psiquiátrico y le impuso una orden de alejamiento de su mujer.
Ayer estaba previsto que se celebrase el juicio por aquellos hechos que sucedieron en A Coruña el 10 de septiembre del año pasado. Muy nervioso y arropado por muchos de sus compañeros, José Manuel González le pidió a su abogado, el penalista Ramón Sierra, que intentase alcanzar un acuerdo con el fiscal, que en un principio pedía para él una pena de cinco años de prisión como autor de un delito de tenencia ilícita de armas, otro de coacciones y un tercero de amenazas. Ni mucho menos se le acusaba de intentar disparar contra su mujer. De lo que se le imputaba era de amedrentarla con el uso de un arma que él siempre dijo que utilizó para intentar quitarse la vida. De hecho, ya lo había intentado en dos ocasiones. Con esa tesis, su letrado llegó a un acuerdo con la acusación pública, gracias a la cual el funcionario de policía elude la prisión, al admitir una pena de dos años de cárcel -al carecer de antecedentes no la cumplirá- y una orden de alejamiento respecto a su ex mujer.
Ya desde que sucedieron los hechos José Manuel no pudo acercarse a su mujer. Aquel día el procesado llegó al domicilio familiar preso de los nervios y a gritos, pidiéndole a su esposa que regresara con él, advirtiéndole de que si no lo hacía era capaz de suicidarse. Hoy, tras un tratamiento psiquiátrico, el policía «se encuentra perfectamente», según su letrado.
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