Aunque la concesionaria achacó el corte de un carril a labores de mantenimiento, la Xunta admitió el suceso
La AG-55 sufrió la noche del lunes un nuevo desplome de piedras del mismo talud, en Arteixo, que cayó en noviembre del año pasado. El desprendimiento se produce solo siete meses después de que la autopista se reabriese totalmente al tráfico. Este incidente, aunque fue menos espectacular que el anterior, no estuvo exento de riesgos y un automóvil resultó abollado, aunque no se registraron daños personales, más allá del susto.
Desde la Consellería de Infraestruturas se apuntó que solo un vehículo se vio afectado al caer lo que calificaron como «dúas pedras de pequeno tamaño», de dos a cinco centímetros de diámetro, que ocasionaron «pequenos danos materiais». En este sentido, puntualizaron que el conductor continuó la marcha posteriormente.
El suceso se produjo sobre las once y media de la noche en el punto kilométrico 5,430, en dirección a A Coruña, en la misma zona donde se había registrado el primer desplome, hace ahora diez meses, aunque en aquella ocasión las toneladas de piedras desprendidas cayeron sobre un coche, cuyo conductor se salvó milagrosamente. Debido a este nuevo derrumbe, el personal de Autoestradas de Galicia se desplazó para inspeccionar el lugar y se mantuvo cortado el carril de la derecha hasta ayer a las seis de la tarde.
La presencia de los automóviles de Autoestradas de Galicia y de un camión con brazo extensible junto al talud, y el trabajo de los operarios a gran altura en la pared, generaron expectación entre los automovilistas y también entre los residentes en el Quinto Pino, barrio situado frente a la zona del desplome. Desde allí, los vecinos comprobaron cómo los operarios retiraban las piedras que podían suponer un peligro para el tránsito por la autopista.
Personal de la concesionaria restó ayer importancia al suceso y negó que los trabajos estuviesen relacionados con un nuevo desprendimiento, achacándolos a «labores de mantenimiento programadas». En este sentido, desde la empresa indicaron que se había avisado a la consellería unos diez días antes de que se cortaría un carril para realizar labores de acondicionamiento de ese tramo.
Se mantuvo el peaje
Como ya había sucedido en el primer desplome, el peaje de la AG-55 siguió funcionando y cobrando los 50 céntimos que cuesta el tramo de Sabón a A Coruña, pese a que durante un kilómetro los automovilistas tenían un único carril para circular y que la aparatosidad de los trabajos hacía que muchos ralentizaran su paso para comprobar qué pasaba. En este sentido, el alcalde coruñés, Javier Losada, reclamó que en este tipo de situaciones la concesionaria renuncie al peaje, ya que entiende que no se le presta a los usuarios el servicio que abonan.
En el anterior incidente, la Xunta había estimado como uno de los factores que provocaron el derrumbe las filtraciones de agua en las grietas de la ladera, y como solución técnica se había optado por instalar una malla de bulones para impedir nuevos desprendimientos, aunque, según lo ocurrido el lunes, no resultó totalmente efectiva para controlar la estabilidad de ese talud de la autopista que une A Coruña con Carballo.
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