Peregrinó desde Lisboa hasta Santiago y Fisterra, y ahora camina hacia Lourdes
Sin agobios, sin presiones y, paradójicamente, sin condicionantes externos pese a continuar gracias a lo que la gente le va brindando, directa o indirectamente. El Camino es para él su terapia. Voluntaria y elegida ahora, desde aquella primera vez en el 2003. «Me atrajo, a mí el Camino me ha llamado». Javier Díaz Otero llegó a O Cebreiro al contrario que los demás peregrinos. En sentido inverso, aunque eso del sentido lo marca cada cual. Este año partió de Fátima (Lisboa). Siguió la vía portuguesa hasta llegar a Santiago y desde allí se fue, también a pie, hasta Fisterra. «Aquello me gustó mucho», confirma.
Se deshizo de su vestimenta según el rito, admite, y cubrió su cuerpo con prendas conseguidas a lo largo de la ruta. A estas alturas, el suyo es un Camino desprendido, solo despertando la voluntad de ayuda, sin pedir del todo. Duerme al ras cuando le toca, sin protestas, y se carga de energía en aquellos puntos en los que él la percibe. Pero como todo, para sentirlo, hay que valorarlo. «Yo creo en la señora de Lourdes, ¿sabes? Creo en algo. Esa es la realidad», aseveró.
Por eso (y con destino secundario en la casa de una tía suya, en la Bretaña) regresó a pie desde Fisterra en dirección a ese otro gran centro de peregrinación que él tanto valora. Javier sabe de los Caminos (ha transitado también, además de varias veces, el francés y este año el portugués, la Vía de la Plata, el del Norte y buena parte del aragonés), pero también sabe de los caminos de la vida. Este peregrino gallego (O Grove) dice llevar su peregrinación dentro: «El Camino es de uno mismo y de nadie más. No pienso competir con nadie por una cama. Voy a mi ritmo». A eso se refiere, sin condicionantes externos, empapándose de todo. Por eso se autoentrega las vivencias que le aporta, sin necesidad de justificar nada y sin reparos en hablar de su modo de andar.
La primera fisterrana
Lleva en su mochila recuerdos de sus rutas: fotografías, estampas, muchas credenciales. Compostelas solo quiso conseguir una, a pesar de haber hecho tantos Caminos: «Los papeles no importan». Eso sí, este año se hizo con la fisterrana, por ser la primera. Rosario en mano, se acoge también a la meditación con piedras (las lleva consigo, entre sus enseres) y a la energía de ciertos lugares de la ruta. O Cebreiro, considera, es uno de esos. En la Cruz de Ferro, camino de Lourdes, dejará su propia piedra, «para que así se cumplan todos mis deseos». Entre ellos, un trabajo en Francia.
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