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la voz en el gerês El pulmón de Portugal se tiñe de ceniza

Los incendios calcinan el 11% de Peneda-Gerês, el único parque nacional luso, y arruinan una extensión similar a 8.000 campos de fútbol a las puertas de Galicia

Autor:
E. Vázquez Pita
Fecha de publicación:

Tierra baldía. El peligro terminó hace 15 días, pero las ampollas de las quemaduras tardarán en curar. Algunos, como Joaquim Barros, lo han perdido todo y deben empezar de nuevo. Este vecino de Vilarinho das Quartas, en Soajo, camina por un paisaje de esqueletos de pinos y carballos calcinados. Es la zona cero del parque de Peneda-Gerês. «No sé qué vamos a hacer, ardió todo», dice este agricultor de 36 años que soñaba con montar una vaquería. El fuego ha arruinado sus pastos.

Las llamas han teñido de color ceniza el vergel de las laderas del legendario río Limia, en el corazón del parque nacional, a veinte kilómetros de la raia. La pesadilla en Soajo empezó el 8 de agosto. Eran días de mucho calor. Al poco, el fuego empezó a bajar de las montañas. «Estábamos asustados, todo se llenó de humo y no conseguíamos respirar. Tuvimos que arrastrar a los caballos, las vacas y los terneros a una colina para salvarlos», relata Joaquim mientras pisa la tierra negra. Fueron nueve días de lucha por la supervivencia.

«Por las noches, la montaña se volvía de color rojo. Dormíamos mal, a ratos, teníamos pánico, todos preparados para escapar», cuenta. El pueblo tiene 40 vecinos, pero llegó a acoger 200 bomberos, ayudados por medio centenar de emigrantes que llegaron a veranear y limpiar sus montes. Todos, mangueras en mano, se unieron para salvar la casa de un trabajador, que estaba ausente en Andorra. «Nuestro pueblo se salvó gracias a la cascada de un río, el mejor cortafuegos», comenta el joven, subido a una peña cercana al cementerio, desde donde se divisa un paisaje lunar. Pasada la cascada, se conserva el verde original. «El más viejo del pueblo tiene 70 años y no recuerda nada como esto», asegura. ¿Quién fue el culpable? «Todos creen que esto es ''fogo posto''», añade.

Cuatro vecinos de Vilarinho de Quartas charlan sentados cerveza en mano en una terraza del bar del pueblo. Hablan de las máquinas, las palas mecánicas que envió el Gobierno para frenar el fuego. Se preguntan si habrá trabajo en las brigadas. A uno lo han bautizado en broma como el jefe de los antiincendios y el otro lo niega con una sonrisa. Luego callan. La cosa está muy mal y todos han perdido fincas. Están arruinados.

¿Cuál ha sido el alcance del desastre? La portavoz del Instituto da Conservaçao da Natureza e da Biodiversidade (ICNB), Sandra Mourinho, aporta los datos provisionales. Los incendios de agosto han devorado 8.162 hectáreas del parque, equivalente a dos veces y media la superficie del municipio de A Coruña o a 8.000 campos de fútbol. El 11% de la superficie de esta joya natural ha quedado calcinada en un mes de incendios.

El principal foco se situó entre Vilarinho das Furnas, Mata do Cabril y Lindoso, lo que despertó el pánico en la cercana localidad gallega de Lobios. En el bar A Madalena, en la antigua aduana de España y Portugal, han visto llegar incendios a la puerta. Rubén sirve el menú a un grupo de operarios de Fenosa y comenta: «O lume que chegou á Madalena viña de Vilarinho de Furnas, a vinte quilómetros. Víamos o resplandor e columnas de fume por todos lados, así durante dúas semanas. En Portugal, ardeu todo», dice.

El bar está levantado sobre el embalse de Lindoso. Su agua sirvió para apagar los incendios. «Esto parecía un aeroporto, día e noite baixaban os avións pola auga. Era mellor ternos metido a controladores aéreos», bromea su padre. Este no recuerda un incendio de tal calibre, al menos en los últimos doce años. «Aquela vez empezou por España e chegou aquí abaixo. Pero nada foi tan gordo como isto», afirma. Cree que en Portugal hubo un «descuido total» porque las autoridades no permitieron que las máquinas entrasen a abrir cortafuegos en una reserva integral. Cuando lo autorizaron, ya era tarde.

 

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El vecino Joaquim Barros (derecha) camina por la ladera de su pueblo, Vilarinho de Quartas, mientras comprueba los daños que ha ocasionado un incendio que duró nueve días
Autor de la imagen: | FOTOS: ÓSCAR VÁZQUEZ

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