Salvamento almacena en Fene la mayor reserva de barreras oceánicas de España
Martes. 11.45 horas. Suena el teléfono de Marcos Riestra, técnico superior de operaciones de la base estratégica de Salvamento Marítimo en Fene. «Manuel, coged las cosas. Se ha caído un coche al mar en O Freixo». Se dirige al coordinador de la unidad de submarinistas de la sociedad estatal en Galicia. En apenas diez minutos el equipo abandona las instalaciones provisionales que ocupa en el astillero de Navantia Fene, la antigua Astano, a bordo de un furgón hacia la ría de Noia.
«Esto funciona así. En cualquier momento pueden llamar por una emergencia y tenemos que estar preparados», explica Heliodoro Rey, jefe del centro cuyas operaciones dirige desde la torre de control del puerto de A Coruña.
Minutos antes, los responsables de Salvamento en Galicia desgranan los cometidos de la base estratégica que «se creó desde el Prestige» y opera desde Fene desde «julio del año pasado», a la espera de que se construya la gran infraestructura anunciada por el ministro de Fomento, José Blanco, en una reciente visita a la zona. Un complejo que costará en torno a los 8 millones de euros y que aglutinará al personal de submarinismo y también dedicará un importante espacio para la limpieza, mantenimiento y almacenamiento de los 65.000 metros de barreras anticontaminación que hay en la comunidad autónoma.
Eso es, explica Heliodoro, «una parte importantísima» del material de que dispone España para luchar contra la polución oceánica. Y es que «el Prestige fue un reto a nivel mundial», sentencia. «Antes teníamos ocho kilómetros de barreras, y a los dos meses ya teníamos 65; llegó un momento en el que habíamos copado la producción mundial y éramos unas doscientas personas trabajando día y noche» en el transporte y colocación de parapetos con los que impedir que el fuel del último gran desastre ecológico de Galicia causase más daño del que amenazaba con producir.
Cuando salta una alarma de este tipo, es el centro coordinador territorial el que la recoge y se la remite a la central nacional de Salvamento Marítimo; desde allí se ponen en contacto con los centros de operaciones para que desplieguen sus medios. Eso sí, «cada media hora que se pierde puede significar no recuperar un cadáver de debajo del agua», en el caso del trabajo de los buzos. «Recuerdo un caso, hace un año -apunta Heliodoro-, en el que se estaba viendo el cuerpo a unos siete o ocho metros de profundidad», inmediatamente se desplazó un helicóptero a recoger a los buzos y pudieron recuperarlo antes de que desapareciese definitivamente porque, «si hay algo de corriente, lo puede desplazar kilómetros».
Base de emergencias
Marcos Riestra apunta que la de Fene «es una base de operaciones y emergencias, pero no para salvar vidas». Destaca que para eso están los rescatadores del Helimer Galicia, el helicóptero con base en el aeropuerto de A Coruña que pronto recibirá un hermano gemelo para atender a las emergencias de la costa noroeste.
«Y tenemos un tiempo de respuesta de tres horas», añade Marcos. Lo que significa que en ese intervalo se pueden plantar en cualquier punto de la costa gallega con material de primera intervención. Y se refiere tanto a los submarinistas como los equipos de barreras. Porque «está todo preparado en contenedores», añade Heliodoro. Mangueras de succión, equipos de potencia para accionar los inmensos carretes en los que se enrollan las barreras y demás elementos que se apilan ordenadamente en una inmensa nave de Navantia otrora ocupada por la sección de turbinas de los astilleros de la ría de Ferrol.
Ajeno a lo que está a punto de pasar en Outes, Manuel y su equipo de submarinistas hacen las comprobaciones rutinarias del material. Todo tiene que estar preparado para una inmersión rápida en el caso de ser necesario. Y para evitar problemas, el grupo dispone de una cámara hiperbárica para realizar la descompresión que el carácter de emergencia no les permite hacer bajo el agua y que «está siempre presurizada» por si hay que utilizarla de inmediato.
Los robots, a disposición
Los buceadores cuentan también con dos aliados. Dos submarinos robotizados con los que pueden inspeccionar previamente el fondo marino para ir a tiro fijo. Uno es pequeño y permite bajar hasta los 150 metros. El otro, el ROV Comanche, es un robot articulado capaz de alcanzar el kilómetro de profundidad y trabajar debajo del agua operado desde la sala de control. Es el único de que dispone España, y moverlo supone desplazar unas veinte toneladas. Fue el artífice de la localización, a unos 80 metros de profundidad, de la tripulación del Helimer 207, que en enero cayó al mar en Almería.
Una nueva llamada en el teléfono de Marcos avisa al equipo, en carretera, de que den la vuelta. El cuerpo del ocupante del vehículo que se precipitó al mar en O Freixo ya ha aparecido. Afortunadamente, su intervención no ha sido necesaria.
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