Se cree que el cadáver, cuyo traje de aguas estaba intacto, llevaba alrededor de quince días en el mar
El hombre, aunque no llevaba encima documentación, tenía una cajetilla de tabaco con inscripciones lusas
Sobre las ocho de la tarde de ayer, un vecino del municipio coruñés de Ribeira dio la voz de alerta a la policía. Aunque lo había visto desde lejos y con problemas por el día de intenso viento y lluvia, creía que sobre la arena de la playa de A Corna, en el mismo municipio ribeirense, había un cadáver. Poco tiempo después se comprobaba que, efectivamente, el cuerpo sin vida de un marinero -llevaba el traje de aguas naranja típico de la gente del mar- yacía sobre el arenal. Al cierre de esta edición, aunque el fallecido no llevaba encima documentación alguna, se daba por sentado que se trataba de un ciudadano de origen portugués.
Antes de que el forense examinase el cadáver, ya se sospechaba de que podía tratarse de un ciudadano luso. ¿Por qué? En los últimos dos meses, ha habido tres naufragios en Portugal con cinco personas desaparecidas -un buque en Viana do Castelo, otro barco en Castelo de Neiva, y el Vimar , que se hundió en el Miño-. Y se da la casualidad de que ayer soplaban vientos de fuerza ocho del sur suroeste y había corrientes hacia el norte, una situación idéntica a la del año 2001, cuando el mar trajo hasta las costas gallegas varios cadáveres de personas lusas que habían caído al agua al sufrir un accidente en el río Duero un autobús luso.
Sin embargo, fue después de que el forense examinase el cuerpo cuando las sospechas adquirieron firmeza. Aunque el hombre no tenía documentación encima, sí llevaba una cajetilla de tabaco con inscripciones en portugués.
Se cree que el cadáver llevaba en el mar unos quince días, por lo que cobra fuerza la hipótesis de que se trata de un marinero del Vimar, que se hundió el día 3 de marzo. De hecho, familiares de uno de los dos desaparecidos en ese naufragio han viajado a Galicia para reconocer el cadáver y su indumentaria.
El hombre todavía tenía el traje de aguas en perfectas condiciones. Y lo mismo ocurría con el resto de su ropa. Incluso tenía los calcetines intactos, aunque le faltaba el calzado. La mayor huella de su paso por el agua se observaba tanto en el rostro como en las manos.
Por el aspecto del cadáver, daba la sensación de que incluso llevaba puesto una especie de chaleco salvavidas y otras medidas de seguridad, que, desafortunadamente, no fueron suficientes para que salvase su vida.
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