La prohibición del balón en los recreos de un centro motiva una queja al Valedor
¿Se puede vivir sin fútbol? Los responsables educativos del CEIP Vilaverde de Mourente, en el municipio de Pontevedra, piensan que al menos los 25 minutos del recreo son para jugar a balón parado. Este es ya el tercer curso en que los deportes con pelota están desterrados del patio del centro en horario escolar. La medida se tomó con motivo de unas obras que se realizaron en el exterior del colegio, en el que cursan estudios 500 alumnos de infantil y primaria, pero sirvió también «para evitar conflictos», como reconocía ayer el director, Victoriano Vidal.
«El fútbol nos generaba conflictos, fundamentalmente de espacio -señala-. Había niños más pequeños que cruzaban cuando los otros jugaban y podían ser arrollados. Buscamos la manera de tener otro tipo de juegos. En 25 minutos, entre que se toman el bocadillo, tampoco hay tanto tiempo. La medida nos resultó bien y decidimos mantenerla». Los recambios han sido la peonza, la comba, la goma, las canicas... Y si bien reconoce que al principio los chavales no recibieron la noticia lo que se dice con entusiasmo, «se les explicó que hay otros juegos y ahora ya están acostumbrados». «Aparte, al fútbol solo jugaban los niños -añade- y ahora hay más interacción, hay juegos mixtos. El recreo se ha enriquecido». Además, subraya que el fútbol, como otros deportes de balón, ya tiene presencia en las actividades extraescolares de la tarde.
Quien en absoluto opina de esta forma es José María López, un padre que tiene a dos niños estudiando en este centro y que acabó elevando su protesta al Valedor do Pobo. «Mi primera medida fue hablar con el director -explica-. Me dijo que los niños estaban más tranquilos. Incluso alguno de los profesores me dijo que el fútbol era un deporte machista. Les contesté que el paso siguiente era encerrarlos en clase. No se puede prohibir una cosa que la ley no prohíbe».
Aunque su queja fue individual, insiste en que tenía el respaldo de muchos padres. Asegura que el pasado curso se enviaron cartas «y 118 familias se mostraban de acuerdo en que los niños utilizasen la pelota, por 24 en contra». El caso llegó al Consello Escolar, que el 27 de enero refrendó, «unánimemente», según el director, la decisión del equipo educativo.
El Valedor do Pobo concluyó su expediente formulando a Educación la posibilidad de que estudiase la derogación de la medida, pero la consellería no aceptó. En todo caso, la atención de Benigno López es ya un pequeño triunfo para este padre. «Está reconociendo que se perjudica a los niños y se lesiona un derecho fundamental -apunta-. Su dictamen no es vinculante legalmente, pero sí moralmente». A raíz de la atención mediática que ha despertado su caso, que también ha espoleado a otros padres de alumnos, no descarta emprender nuevas acciones para evitar que siga vigente «una medida intransigente y arbitraria», y que considera que fomenta el sedentarismo.
Otros centros pontevedreses reconocen tener problemas con el fútbol en los recreos. Pero hasta ahora, su solución ha sido imponer los balones de espuma. En casos como el del CEIP de Barcelos el conflicto ni se plantea. «El patio es tan pequeño que ni traen el balón», señalan fuentes de este colegio.
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