En su primer debate como presidente, Feijoo atacó muchos frentes sin profundizar en ninguno, mientras PSdeG y BNG mostraron más afinidad que cuando gobernaban
Doce horas de debate, decenas de planes sin medidas concretas para sacar a Galicia de la encrucijada, decenas de reproches a la gestión del Gobierno, pero pocas propuestas firmes o novedosas, ni de unos de ni otros, que aporten soluciones a los problemas de los gallegos. Es el resumen de un debate en el que el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, logró que las dos formaciones de la oposición pareciesen más afines que cuando gobernaban. Los discursos del BNG y PSdeG recogieron las mismas críticas, mostraron posicionamientos casi calcados, convirtiendo la fusión de las cajas de ahorros en la gran responsable de la brecha existente entre ambos.
El debut de Feijoo como presidente en un debate sobre el estado de la autonomía se resolvió con un discurso que empezó apuntando maneras, planteando grandes cuestiones, como el reto de la globalización o la reivindicación del valor de la política, pero que después se perdió en lo que los socialistas tildaron de «reinvestidura». Atacó muchos frentes, con medidas concretas como la rebaja fiscal de la vivienda, pero también con un exceso de proyectos de todo tipo, desde un gran plan de choque para la crisis hasta otro de fomento de la actividad física para hacer frente a la alta tasa de obesidad de los gallegos, pasando por planes para el textil, para la Justicia, para las tecnologías... En medio de este despliegue, hubo pocos minutos para la educación y la sanidad (sectores que concentran más de la mitad del presupuesto gallego), y en su primera intervención pasó de puntillas por el futuro del sector financiero gallego. La munición sobre este tema la reservó para la tarde.
Y es que por la tarde el debate ganó ritmo. El portavoz del BNG, Carlos Aymerich, entró en tromba, no cayó en lo que consideró una provocación de Feijoo (el uso de una cita de Castelao en castellano) y fue desmontando uno a uno muchos de los hitos que el presidente de la Xunta había presentado previamente como éxitos.
La intervención del BNG era seguida en ese momento en la tribuna por una muestra de lo que es el poder socialista en Galicia (alcaldes como Orozco, Bugallo, Caballero, Rodríguez, el presidente de la Diputación de Lugo, Besteiro, o el delegado del Gobierno, Antón Louro), que desembarcó en el Parlamento por la tarde. Compartían filas con populares, como algunos superdelegados provinciales de la Xunta, con Corina Porro y, ya bien entrada la tarde, con José Luis Baltar. El contraste, sobre todo teniendo en cuenta la bicefalia del BNG (con un líder que no es el portavoz parlamentario), lo ponía la ausencia de cargos nacionalistas como Guillerme Vázquez, que optó por acudir a una recepción de ERC en el Parlamento catalán.
El secretario general de los socialistas, Pachi Vázquez, repitió la mayoría de los argumentos esgrimidos por Aymerich: mala planificación del Xacobeo, abandono del sector lácteo, empeoramiento de las listas de espera sanitarias y, sobre todo, lo que consideraron escaso apoyo al gallego... Pero uno y otro, PSdeG y BNG, se centraron en los reproches y se echaron en falta propuestas, soluciones.
Mientras, y conforme a este mundo tecnologizado, muchos diputados utilizaban redes sociales como Twitter para contar desde su escaño, minuto a minuto, lo que ocurría en el hemiciclo.
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