Una citación enviada desde un juzgado coruñés a una mujer es devuelta 13 años después porque, según Correos, no se encontró al destinatario
El funcionario, cuando su pelo no conocía canas, allá por 1997, metió una citación en un sobre y lo puso en el correo. Se trataba de darle aviso a una mujer de que se presentara en el plazo de diez días en el Juzgado de Instrucción número 6 de A Coruña para notificarle un asunto de especial importancia. El tiempo pasaba y por allí nadie apareció. Hasta que esta semana, 13 años después de aquello, la misiva volvió a manos del empleado judicial con una anotación del servicio postal en la que se advertía de que «el destinatario es desconocido». Y eso que no tenía que ir muy lejos, pues no salió de la ciudad. El destino era la calle Pepín Rivero. Pena que cogiera el desvío hacia el limbo.
De ahí regresó por fin. Y cuando eso sucedió, al funcionario le extrañó el color y la forma del sobre: «Es de los que utilizábamos antes, cuando empezamos a trabajar aquí». Curioso, abrió el sobre y se encontró aquella vieja citación encabezada por la fecha de emisión: 21 de enero de 1997. Alucinó.
Bien es cierto que el contenido de la misiva no iba a ser del agrado de la destinataria, pues se le iban a notificar una serie de deudas, las suyas y las que dejó su padre fallecido, pufos que también estaba obligada a afrontar.
¿Qué pudo haber pasado? Parece descartado el hecho de que los funcionarios de Correos se dejasen las pestañas buscando a la destinataria durante 13 años. Así que hay una única respuesta. Los funcionarios del Juzgado de Instrucción número 6 de A Coruña están convencidos de que la carta se cayó de una saca en el edificio de Correos y quedó oculta tras algún escritorio durante 13 años. Alguien hizo limpieza y apareció.
Hay alguno que deja abierta la posibilidad de que la carta la haya metido un cartero en el buzón de la destinataria cuando esta ya no vivía en el piso. Y nadie vivió en él hasta ahora. Al abrir el buzón la nueva inquilina se encontró con la citación y se la entregó al cartero. Hay un pero. Las citaciones hay que entregarlas en mano para que la destinataria firme el acuse de recibo. Puede que el empleado de Correos se olvidase de eso.
Fuese lo que fuese, lo cierto es que la carta, que no iba en una botella, regresó de donde salió trece años después. Como si tal cosa.
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