MANUEL FRAGA (pp)
«El primer mandamiento es no estorbar», dijo Manuel Fraga el día que anunció su marcha del Parlamento de Galicia, donde aguantó cinco meses en los escaños de la oposición hasta que toda la Cámara por unanimidad lo designó senador en representación de la comunidad autónoma. Bregado en sucesiones y preparando su relevo en Galicia casi desde que desembarcó en la campaña de las autonómicas de 1989, Fraga dejó hacer el cambio en su partido pero sin disimular su preferencia por Feijoo, que asumió las riendas del PPdeG siete meses después de la pérdida de la Xunta.
Al Senado acudió como el más entusiasta defensor de una reforma de la Cámara alta que aún no se ha producido ni tiene visos de alcanzarse a medio plazo. La delicada situación económica que la Cámara entendía que atravesaba Fraga propició que se le haya otorgado coche oficial en Madrid, después de vivir de prestado en un piso al pasar a la oposición. Aunque asegura no querer estorbar, desde su presidencia de honor del PP no se reprime a la hora de marcar el paso a Esperanza Aguirre o a Camps.
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