| Razones de una despedida
En octubre de 1998, Emilio Pérez Touriño se gastó cien pesetas y cubrió una porra. Se trataba de adivinar el nombre del ganador del congreso celebrado en Ourense por el PSdeG-PSOE, por cuya secretaría general competían el propio Touriño, Miguel Cortizo y Abel Caballero, quien se retiró en la recta final. El ahora ex presidente de la Xunta acabó ganando dos veces, primero el cónclave y después la apuesta que aún conserva un diputado -Caballero 0%, Cortizo 40% y Touriño 60%-, como preludio de la buena suerte que lo acompañó en el tiempo que dirigió a los socialistas gallegos.
Esa buena estrella dejó de alumbrar en las elecciones del 1 de marzo del 2009. Touriño asumió personalmente una derrota con su dimisión, poniéndole además fecha de caducidad a su estancia en la casona de O Hórreo. Un año tardó en renunciar a su escaño y en dirimir su futuro, tiempo que a Touriño le ha valido para repasar los errores y los aciertos de su etapa, para descubrir dónde están ahora quienes perdieron contra él aquel congreso de 1998 -Caballero, Cortizo y Pachi Vázquez- y para descubrirse a sí mismo casi como una voz crítica dentro del PSdeG.
En el entorno más próximo a Touriño, aseguran que el ex presidente se marcha del Parlamento «decepcionado» al comprobar cómo en tan poco tiempo se puede «tirar pola borda» el discurso político que al PSdeG le costó tanto tiempo construir en asuntos como el galleguismo o el modelo de protección del territorio que los socialistas intentaron poner en valor en su etapa en la Xunta.
Vaivenes
Es más, sus allegados aseguran que el ex secretario general del PSdeG «vive con desgarro» los vaivenes que mantiene su grupo en asuntos como la fusión de las cajas de ahorros, que llevó a los socialistas gallegos a asumir una posición arriesgada, fijada en gran medida desde la alcaldía de Vigo, dejando en manos de la Xunta, las demás fuerzas políticas, los sindicatos y la patronal la que, tanto Touriño como una parte del PSOE, considera que es la verdadera posición de país. No es de extrañar que cuando el martes oyó decirle al diputado Abel Losada que quien estaba solo en realidad es Feijoo, a Touriño se le pusiera un gesto peculiar en la cara y abandonara el hemiciclo.
Lealtad
El ex presidente de la Xunta se resistirá, posiblemente por lealtad, a reconocer públicamente su inquietud por la situación a la que ha llegado el PSdeG. Sí lo hace en privado. Lo más que se atrevió a decir ayer es que la política urbanística que promueve el PP, muchas veces con el consenso del PSOE, solo contribuye a mantener las «alarmas encendidas».
Touriño se marcha solo, como el líder de sí mismo que siempre fue. Se marcha solo y -según sus allegados- también con el remordimiento de no haber sido más generoso con aquellos que, como Antón Louro, actual delegado del Gobierno, siempre estuvieron a su lado. Pero no fue a Louro, sino a Pachi Vázquez, a quien hizo conselleiro.
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