El fiscal pide sendas multas de 6.000 euros para dos hermanos de Pazos de Borbén por negarse a velar una noche a su progenitora, de 90 años, sola y encamada
Dos hermanos de Pazos de Borbén se enfrentan a una multa de 6.000 euros cada uno por un delito de abandono de la familia. Su progenitora, de 90 años y que estaba encamada, se quedó sola durante una noche, pero sus dos hijos se negaron a velar a la mujer a pesar de las peticiones de su padre, que estaba hospitalizado y no podía cuidarla, y de la Guardia Civil. El matrimonio mayor falleció a lo largo del último año, antes de que el juicio se celebrase ayer en el Juzgado de lo Penal número 1 de Vigo.
La vivienda paterna está en el barrio Alén, en Cepeda. El 21 de enero del 2009, la sobrina que cuidaba del matrimonio mayor fue hospitalizada urgentemente y no pudo avisar a nadie de que se habían quedado solos. El padre se arrastró por toda la casa y fue descubierto por una cuidadora, que lo llevó a un hospital. Desde allí, el anciano pidió ayuda a sus hijos sin éxito para que atendieran a la madre, que quedó sola. La Guardia Civil también los requirió para que pasaran la noche con la anciana, pero se negaron con excusas. Ambos hijos, a pesar de que uno reside a 50 metros de la casa paterna y otro a dos kilómetros, alegaron en el juicio que no podían ir a cuidar a la madre. Por otra parte, admitieron que tampoco querían saber nada de sus padres porque llevaban de 30 a 40 años sin hablarse. La mala relación comenzó porque un hermano se enfadó porque el progenitor no fue a su boda. El fiscal rechaza las excusas y recuerda que, además del «reproche moral», el artículo 226 del Código Penal obliga a prestar asistencia a los ascendientes necesitados.
Grave riesgo para su vida
El fiscal resaltó en el juicio que la mujer estaba sola, en situación de desamparo y «con grave riesgo para su vida» porque tanto su sobrina como su marido, que se ocupaban de ella, fueron hospitalizados en muy breve lapso de tiempo. El fiscal recuerda que los acusados hicieron caso omiso a los requerimientos para que velasen a su madre durante la noche que pasó sola. La mujer estaba aquejada de una enfermedad degenerativa que le impedía valerse por sí misma y precisaba constantemente de la asistencia de terceras personas para realizar las funciones más básicas de la vida diaria.
La hospitalización de la sobrina que los cuidaba precipitó los hechos. Al poco, una asistente social descubrió al matrimonio vestido y sentado en el sillón, tras llevar 24 horas sin ser atendidos, sin comer ni acostarse. La situación se agravó el 24 de enero, cuando otra cuidadora social descubrió al padre tirado en el suelo de su piso. Lo trasladaron en ambulancia y el hombre tuvo tiempo a avisar de que su esposa se quedaba sola. «Se preocupaba por ella y llamó a sus hijos, pero estos dijeron que no podían venir a cuidar de ella, que como mucho la acompañarían a la ambulancia», relató una testigo. La cuidadora acostó a la enferma a las 19 horas y se marchó. «Si necesitase beber, no había nadie con ella», dijo.
Dos horas después, a las nueve de la noche, un mando de la Guardia Civil del puesto de Soutomaior requirió a los hermanos José y Antonio G.?T. para que se ocupasen de la nonagenaria. «Decían que no se hacían cargo, que no querían saber nada de la madre», relató un agente.
Los funcionarios entraron en la vivienda y hallaron a la anciana en cama. «La señora no hablaba ni reaccionaba. La cocina estaba sucia y cutre. Era evidente que no se valía por sí misma. Ellos no llamaron a la ambulancia, lo hizo el comandante del puesto, que contactó con el juzgado y el 061», explicó uno de los guardias civiles.
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