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Perfil Touriño, de la presidencia a la nada

El ex presidente de la Xunta, que asumió de forma ejemplar su responsabilidad política tras la derrota del 1-M, deja su escaño en O Hórreo.

Autor:
César Rodríguez
Fecha de publicación:
Hora:
Actualizada a las 11:09 h

Se cierra definitivamente una etapa en la política gallega. Un año después de perder las elecciones autonómicas, Emilio Pérez Touriño ha renunciado a su escaño en el Parlamento.

Este economista nacido en 1948 en A Coruña, criado en Pontevedra, pero afincado en Santiago, ha dado el último paso para terminar su carrera como actor de primer nivel en la política gallega. Hace trece meses era el principal favorito para seguir como inquilino de la residencia oficial de Monte Pío. Pero asumió su responsabilidad tras la derrota en las urnas y dejó el liderazgo del PSdeG de forma casi inmediata. Era solo cuestión de tiempo que renunciara al escaño.

Touriño tiene una larga trayectoria política a sus espaldas. Sus orígenes políticos se encuentran en el comunismo. Tras militar en el PCE y ser compañero académico de Beiras, emigró a la meseta en los 80 de la mano de su amigo Abel Caballero, entonces ministro de Transportes. En Madrid se afilió al PSOE y cobró prestigio al colaborar con José Borrell en la creación de las autovías gallegas. Al final fue Francisco Vázquez quien patrocinó el desembarco de Touriño en Galicia para enmendar el rumbo errático que llevó al naufragio electoral de 1997, cuando el BNG superó a los socialistas como segunda fuerza política autonómica.

El 2009 fue la tercera vez que el actual titular de la Xunta se presentó como candidato a unas elecciones autonómicas. En las primeras, las celebradas en el 2001, logró frenar la caída del PSOE en Galicia. En las segundas -las celebradas en junio del 2005- consiguió, previo pacto con el BNG, acceder a la presidencia, poniendo fin al sempiterno fraguismo por un solo diputado.

Cuando se produjo su derrota, la situación había cambiado muchos. El efecto ZP no le ayudó en su carrera por la reelección. Tampoco la crisis económica. Y mucho menos la percepción ciudadana del funcionamiento del bipartito.

Para el PSdeG Touriño, que quizá no sea carismático ni «extravertido» -Quintana dixit-, era su mejor activo electoral. Y montaron una campaña presidencialista muy centrada en su candidato, el mejor valorado por los votantes por su carácter serio y mesurado, según la mayoría de encuestas publicadas en los últimos tiempos antes de la convocatoria electoral. Aún así no fue suficiente para revalidar su presidencia.

Touriño llegó a la cita con las urnas con 60 años. Está casado con María Esther Cid Cadavid y tiene dos hijos, David y Andrea, que ya lo han convertido en abuelo. Le gusta el cine, la literatura y salir a pasear. Es aficionado a la música clásica. Hasta ahora vestía de de político. Traje y corbata cuando ejercía de presidente o parlamentario, ropa informal -chaqueta de pana incluida- cuando mitineaba. En la cocina -salvo cambios recientes- no pasa del huevo frito. Se sometió al veredicto de las urnas con el balance de cuatro años de Gobierno bajo el brazo. Con sus luces. Con sus sombras. Con las señales contradictorias que suelen emitir los ejecutivos de coalición, siempre oscilantes entre la tenue complicidad y la extrema tensión. Y con una certidumbre: para seguir en el poder debía compartir otros cuatro años de viaje con sus actuales socios.

El electorado dijo no. Los sondeos fallaron. No pocos dedos lo señalaron como responsable. Algunos tan incisivos como el de José Blanco. Él, coherente y responsable, decidió marcharse. Y es que, en ejercicio de sus competencias, fue él en persona quien decidió no adelantar la fecha de las elecciones cuando aún la situación económica no se había revelado tan mala y las perspectivas políticas eran más favorables. Fue su decisión. No podía ser de otra manera. Touriño es, según sus allegados, una persona tenaz y persistente («teimudo», según su esposa) que no para hasta lograr lo que se propone.

Ahora su etapa política activa en Galicia ha llegado a su fin. Completó cuatro años de Gobierno, pero no consiguió romper el techo electoral del PSdeG -los 28 escaños que consiguió Laxe en 1989-, y su liderazgo no fue capaz de sobrevivir al rompimiento y desvanecimiento de la ola del cambio. La moneda solo tenía dos caras: o presidente o nada. Y no cayó de cara.

 

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Autor de la imagen: Leandro
 
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