Más de 3.000 niños se quedaron sin clase al cerrarse 20 colegios de Pontevedra, Ourense y A Coruña
El temporal dejó ayer en Galicia un reguero de incidentes. Las cuatro provincias se vieron afectadas por inundaciones, desprendimientos, cortes de carretera y hasta desplomes de puentes como consecuencia de las intensas lluvias, así como daños, tanto materiales como humanos, causados por las fuertes ráfagas de viento. En O Carballiño, una joven de 24 años sufrió el impacto de un trozo de uralita que se desprendió de un edificio y que le produjo una herida de 6 centímetros en la cabeza.
No fue el único sitio donde volaron las planchas, ya que el viento las arrancó en numerosos lugares. En Vigo levantó al menos un metro la cubierta de la grada de Río del estadio de Balaídos; una inspección técnica reveló que los enganches están podridos y se ordenó una reparación a fondo. En la misma ciudad se desplomaron vallas publicitarias, se desplazaron contenedores y una docena de coches sufrieron daños por caídas de objetos del mobiliario urbano, andamios y muros. Estos incidentes se repitieron en Pontevedra, donde un árbol cayó sobre un autobús. En Portonovo fragmentos de uralita dañaron varios coches, igual que la caída de un muro en Lugo.
Crecidas de ríos
La capital lucense fue una de las más afectadas por el temporal. Además de la crecida del Miño a su paso por la ciudad, hubo que cortar al tráfico media docena de calles. Medidas similares se aplicaron en los municipios de Begonte, A Fonsagrada, Pedrafita, Monforte, Pantón y Riotorto. En la Terra Chá las crecidas de los ríos ocasionaron problemas, que en A Pastoriza se extendieron al suministro eléctrico.
En A Mariña se produjeron desprendimientos en carreteras de la red secundaria. El problema más grave se vivió en Lourenzá, donde fue necesario rescatar a dos personas del turismo en el que viajaban, desplazado por el agua de un río tras caer un puente sobre el cauce. En el municipio ourensano de Calvos de Randín la crecida del regato de Soutomaior se tragó literalmente un puente.
Los problemas en las carreteras, unidos a los que sufrieron algunos colegios -en el Santa Lucía de Moraña cayó un árbol en el patio-, propició la suspensión de las clases en 20 centros, lo que dejó en casa a más de 3.000 escolares, según la Consellería de Educación, la mayoría de Pontevedra.
Las inundaciones se repitieron en distintas localidades. En Arousa el desbordamiento del Umia dejó aisladas algunas casas, cuyos ocupantes tuvieron que pedir ayuda para poder salir. En Xuño (Porto do Son), una familia vio cómo se anegaba su vivienda, aunque lo atribuyen a obras en una carretera y no tanto a la lluvia. En O Barco de Valdeorras, los bomberos y Protección Civil trabajaron siete horas para achicar el agua del garaje de un edificio, donde la inundación superó el metro de altura. En la comarca también hubo que cortar varias carreteras.
Algunos embalses ya han abierto sus compuertas y, por ello, en casos como el de Belesar, existe riesgo de inundaciones en una veintena de municipios.
En la costa, en localidades como Marín, Noia o Corme, se soltaron algunas embarcaciones y bateas, que quedaron a la deriva.
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