La falta de capa vegetal en algunas laderas de la vía abierta al tráfico en abril eleva el riesgo de desplomes en la calzada
La Xunta ordena al departamento de conservación que extreme la vigilancia sobre los taludes de la red viaria
La sociedad constituida por la Xunta para construir y explotar la autovía que da continuidad a la autopista AP-53 entre Dozón y Ourense, Aceousa, revisará el estado de los taludes a lo largo de los 32 kilómetros del trazado para prevenir nuevos desprendimientos como el registrado el domingo en el término municipal de Punxín. La concesionaria seguirá en esa vía el mismo protocolo que ya se aplicó en la autopista A Coruña-Carballo (AG-55), donde el 25 de noviembre se desplomó parte de una ladera sobre la calzada, un percance que sigue provocando restricciones de tráfico.
Aunque se trata de medidas preventivas de carácter puntual, que afectan solo a las infraestructuras en las que han tenido lugar los deslizamientos del terreno, la Xunta asegura que los chequeos son habituales y forman parte del trabajo del servicio de conservación de vías de la Administración autonómica, adscrito a Medio Ambiente. En todo caso, desde la consellería sostienen que han pedido a ese equipo y a las empresas concesionarias que extremen las labores de inspección sobre los taludes. El departamento que dirige Agustín Hernández subraya que el caso de la AG-53 no es comparable al registrado en la autopista de Carballo. «Aquel talud está consolidado, porque es una vía de los años noventa. En la autovía de Ourense, la obra es nueva», explican. La entrada en servicio del vial, proyectado como autopista y que el bipartito convirtió en autovía con peaje en la sombra, tuvo lugar en abril pasado, después de que los retrasos en rematar los trabajos impidieron la apertura prevista antes de las autonómicas de marzo.
El hecho de que la AG-53 lleve apenas nueve meses abierta es señalado desde Medio Ambiente como la principal explicación de un desprendimiento que relaciona con la ausencia de capa vegetal en las laderas. Esa cubierta aporta sujeción al terreno y reduce el riesgo de deslizamientos como los cinco registrados en el último año: en La Escrita (A-6), en A Gudiña (A-52), en Arteixo (AG-55), en Punxín (AG-53) y, el más reciente, en el municipio lucense de O Saviñao.
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