Testimonios | adrián |
Fue un sábado por la mañana del pasado mes de mayo. Adrián, autónomo ourensano de 26 años, había estado cenando en casa de unos amigos: «Tomamos unas copas de licor café y vimos una película», recuerda. Pasaron unas horas y, hacia las ocho, decidió coger el coche para ir a comprar unos cruasanes.
A pocos metros de su casa lo pararon los agentes de la Policía Local de Ourense. «Dijeron que me había saltado un semáforo y enseguida me hicieron la prueba de alcoholemia. Yo estaba tranquilo porque no pensaba que fuera a dar positivo, hacía cuatro horas que no bebía y me encontraba perfectamente», afirma.
Sin embargo, el etilómetro le puso los pies en la tierra. Su tasa era de 0,64 miligramos de alcohol por litro de aire espirado, lo que supone un delito penal. En pocos días Adrián tuvo que designar abogado y acudir al juicio rápido en su contra por un delito contra la seguridad vial.
«Acepté la pena que me pedía el fiscal y conseguí una rebaja de un tercio en la condena», relata. Aun así, le impusieron 21 días de trabajos en beneficio de la comunidad, 600 euros de multa y ocho meses de retirada de carné. Además, quedaba obligado a hacer un curso de reciclaje de 24 horas de duración.
En los meses posteriores, Adrián se dedicó a hacer jardinería, ayudar al traslado de enfermos y «echar una mano en lo que hiciera falta» en la Cruz Roja de Ourense para redimir su delito. Además, cumplió con disciplina marcial la obligación de realizar el curso de sensibilización que, asevera, le sirvió para darse cuenta de las consecuencias de cometer imprudencias al volante.
Eso fue todo. A pocos meses de volver a recuperar el permiso de conducir, Adrián reconoce que lo que le había ocurrido podría volver a pasarle. «Si saliera una noche y viera que estoy muy bebido, dejaría el coche, pero en la misma situación de entonces volvería a dar positivo, porque yo nunca creí que tuviera la tasa de alcohol que tenía».
Aunque sí cree que las sanciones penales son buenas para conductores «que se toman siete u ocho cubatas una noche y son un peligro», opina que para condenar a un automovilista no solo debería tenerse en cuenta el resultado del test de alcoholemia. «Dar positivo en la prueba no significa estar borracho», afirma.
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