Cuatro agentes de seguridad privada vigilan los movimientos del «Alakrana» para evitar un nuevo asalto a un atunero aún a medio acondicionar tras el secuestro
Tras 47 días en que el teléfono del Alakrana solo devolvía la voz de Ricardo Blach -que se erigió en portavoz forzoso de sus 35 compañeros en la narración de las penurias del secuestro-, ahora surge al otro lado de la línea su primo Ángel, también de Baiona, que el pasado miércoles se hizo a la mar como primer oficial del atunero en su primera marea tras mes y medio en mano de los piratas.
«Vamos hacia el este, hacia la zona de Maldivas», asegura Blach, que niega que este movimiento se deba al miedo a un nuevo asalto de los corsarios, que operan en el área del Índico comprendida entre la costa de Somalia y las Seychelles. «Vamos allí porque empieza la temporada de pesca en esa zona». El tiempo que pasen en el mar dependerá de cómo se den las capturas, podrán estar «20 días o un mes y medio», lo necesario para cargar sus bodegas y dar media vuelta al puerto base de Puerto Victoria, capital de las Seychelles, a desembarcar.
Pero este es un viaje especial para el Alakrana. Y es que se trata de la primera marea en la que a bordo del atunero viajan cuatro tripulantes que por único aparejo llevan metralletas. Son los mercenarios contratados por la casa armadora, Echebastar Fleet, para repeler una nueva intentona pirata. Sobre la convivencia en el buque, Blach asegura que «a bordo la relación es buena, no hay problema, son unos compañeros más».
Pero lo cierto es que el día a día ha cambiado. Ahora, el movimiento para largar la red, uno de los momentos más delicados de la faena diaria, está vigilado en cubierta por los cuatro agentes de seguridad, que rastrean el perímetro del barco. El resto del día «se turnan de dos en dos» para hacer las guardias.
Para facilitar la comunicación con los oficiales, los mercenarios son españoles, como 20 de los 36 marineros a bordo del atunero. «Somos 16 gallegos [el doble que en la tripulación del Alakrana que fue secuestrada por los piratas], otros cuatro de Bilbao y los cuatro de seguridad. El resto son de la zona».
Sobre si considera que estarían más seguros con infantes de marina, como solicitaban los armadores, Blach esquiva la polémica. «Pedían eso, que lleváramos a bordo infantes de marina, pero el Gobierno no estaba por la labor. Hombre, no sé la preparación que tendrán los que tenemos, pero aquí hacen su vigilancia».
A las que sí les tranquiliza la presencia a bordo de agentes armados es a sus familias, con las que se mantienen en permanente contacto, para atajar fantasmas. «Hace un ratito hemos estado hablando con ellas, están bien, pero, como siempre que venimos, un poco preocupadas. Ahora tenemos esta gente aquí [por los mercenarios] y a ver si podemos recuperar la normalidad».
Reparación lenta
Y es que tras cinco días de intensos trabajos en Puerto Victoria, para poner a punto un atunero completamente saqueado por los piratas (que se llevaron hasta los colchones), Blach reconoce que todavía están dándole los últimos retoques. «Llegamos a Seychelles el viernes y tuvimos cinco días trabajando, arreglando papeleo, y ahí seguimos poquito a poco».
Sobre la situación de sus compañeros, el primer oficial asegura que durante el tiempo que coincidieron en Puerto Victoria no tuvieron mucho tiempo, ni ánimo, para narrarles lo que había sucedido. «Estaban bastante mal cuando llegamos nosotros, bastante jodidos, por suerte ahora ya están en casa». ¿Cómo están? «Están bien, se van recuperando poco a poco».
Blach aún tiene tiempo para comentar la situación del carguero griego Ariana, secuestrado desde hace siete meses en la costa de Somalia, «estaba en casa y por lo que nos contaron estaban en unas condiciones horribles, a ver si es cierto que los liberan».
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