En este inicio de curso se han sucedido dos declaraciones, a ambos lados del Atlántico, que se encuentran en bastante sintonía: el discurso-lección del presidente de Estados Unidos y las afirmaciones de nuestro Defensor del Pueblo.
Obama, en una escuela de secundaria del Estado de Virginia, pidió a los estudiantes que asuman sus responsabilidades, acudan a clase, atiendan a sus profesores, escuchen a sus padres y abuelos y trabajen duro para lograr el éxito. Afirma que sin esfuerzo de nada sirven profesores excelentes o el mejor material escolar. Por su parte Múgica, a raíz de los episodios de Pozuelo, considera que padres y, en menor medida, profesores son en parte responsables de la falta de valores que lleva a algunos jóvenes a protagonizar estos lamentables comportamientos. La ausencia de disciplina es destacada por Obama, la falta de autoridad es subrayada por Múgica. ¿No son las dos caras de una misma moneda, que es la educación? ¿Y ahora nos damos cuenta? ¿Es demasiado tarde?
Existe una o quizás dos generaciones con un número no pequeño de jóvenes que han sido maleducados desde los siguientes cinco principios vitales: Me guío por mi apetencia, tengo derecho a todo, no respondo de nada, todo es gratis y todos somos colegas.
Frente a esta contracultura sería necesario que la sociedad, la familia y las escuelas, todos a una, fomentasen en las nuevas generaciones los cinco principios ético-educativos siguientes: Debo guiarme por mis convicciones, tengo obligaciones, respondo de mis actos; todo cuesta, por lo que debo valorar y cuidar las cosas, y estoy en proceso de maduración y, por ello, tengo que escuchar a mis mayores.
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