| La evolución de un sector en crisis
| redacción
¿Qué le ha pasado al esperanzador proyecto de convertir a Galicia en el paraíso del turismo rural? Al menos estas cinco razones pueden ayudar a comprender lo que hoy por hoy es una decepción.
1 La distancia.
A Galicia nunca se llega el primer día de vacaciones. Desventajas de estar en una esquina del mapa. A veces no se llega tampoco el segundo ni el tercero. Al fin y al cabo, el turismo llega masivamente por carretera a Galicia, que no es un lugar de paso sino un destino. O se viene a tiro fijo o no se viene. Todo ello provoca que la temporada se contraiga y solo se pueda considerar como tal, meteorología aparte, a partir de la segunda quincena de julio.
2 El feísmo.
Casi ningún hostelero se libra del comentario. El turista es tan capaz de valorar el canto de los pájaros y la belleza de un carballo en flor como la presión de un parque eólico, la mordida del eucalipto o el hedor de una granja de vacas. Muchas veces, todo esto va en el mismo paquete y pesa lo suyo en la opinión del usuario del establecimiento. Los contrastes, en su sentido más peyorativo, que se ven en Galicia difícilmente se pueden encontrar en otras partes de España.
3 La picaresca.
Pese al honesto compromiso de la mayor parte de los empresarios que se decidieron por el turismo rural, la picaresca ha existido y probablemente se mantiene en alguna medida. No todo lo que se ofrece está operativo. «Aquí ha llegado gente diciendo que habían probado antes en otras tres casas sin que los atendieran», manifiesta una empresaria de la provincia de Lugo. El compromiso para optar a jugosas subvenciones está en mantener el establecimiento abierto entre 10 y 15 años. Sortear la norma es difícil pero no imposible.
4 Pocas actividades.
Caballos, rafting, artesanía... Las actividades complementarias a las que acceden los turistas rurales son muy escasas y han generado una problemática circular: los empresarios no pueden mantenerlas por la baja ocupación y los turistas dejan de venir porque no las hay. Algunas empresas externas han comenzado a ofrecer este tipo de servicios, pero su implantación es aún escasa y su viabilidad económica está aún por determinar.
5 El debate sobre la profesionalización.
El turismo rural se vendió en Galicia como una actividad complementaria para, entre otras cosas, fijar población en el medio rural. Por un lado la granja y por otro el establecimiento. Pero el modelo no ha triunfado. El cliente no suele entender una larga espera porque el propietario se está duchando después de ordeñar y la frontera entre el trato familiar y el mal servicio es a menudo demasiado fina. Los que optaron por dedicarse al establecimiento de forma más profesional ven que el negocio se mantiene cada vez con mayor dificultad.
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