Los socialistas enarbolan la bandera de la defensa del gallego para ampliar su base con los descontentos del nacionalismo
«Podo entender a postura do Bloque, sabía por onde ía a ir, pero co PSOE quedo desarmado». Estas palabras pronunciadas por el conselleiro de Educación, Jesús Vázquez, en el transcurso del último debate sobre el gallego celebrado en el Parlamento ponen en evidencia el pasmo que existe en las filas del PPdeG por el giro radical dado por los socialistas en materia lingüística, viraje que lleva a este partido a recoger algunas de las banderas del nacionalismo con ánimo de atraer a esa masa de votantes -41.000 en las autonómicas y 39.000 en las europeas- que decidieron darle la espalda al BNG.
En realidad, socialistas y nacionalistas gallegos se están adentrando en un proceso a la inversa del vivido a mediados de los años noventa, cuando el PSdeG tocaba suelo, con Abel Caballero de candidato, mientras Xosé Manuel Beiras se confesaba socialdemócrata y hacía guiños a los electores noveles, impulsando así la base social del Bloque hasta su techo histórico.
Pero ese movimiento se invirtió con el cambio de milenio. El BNG fue incapaz de cambiar sus estructuras y ampliar su militancia para convertirse en una formación con vocación mayoritaria. Tampoco se encerró en una sauna a expulsar marxismo por los poros, como le recomendó Willy Brandt a Felipe González para que el PSOE pudiera gobernar en España, sino que en su lugar despidió a Beiras y reforzó cada vez más a los comunistas en la organización.
Todavía hoy los discípulos de Beiras aprovechan las asambleas para alertar, como la mítica Casandra -que predijo la ruina de la ciudad de Troya sin que nadie la creyera-, la debacle completa del Bloque, aunque sin encontrar eco alguno en la cúpula dirigente que comparten la UPG y los aymerichistas.
El PSdeG, en cambio, es consciente de la gravedad de la crisis de sus socios y por eso lanzó el primer movimiento para atraer a los descontentos con Quintana y que tampoco palpan ilusión alguna con Guillerme Vázquez. La operación socialista le ayuda a corregir el déficit de galleguismo que tuvo en otros momentos y casa con la voluntad de la nueva dirección de construir un partido para el 40% del electorado. Y si inicialmente los guiños se dirigen hacia el nacionalismo es porque el PSOE admite su incapacidad para pescar por ahora en los caladeros de un PPdeG que, con Feijoo al frente, está viviendo su luna de miel en Galicia.
Está por ver, no obstante, si el viraje está libre de costes. Por lo de pronto, algunas voces del partido, como la de Méndez Romeu o personas del entorno de Touriño, ya han mostrado su incomodidad con la defensa vehemente que se hace del gallego, que temen sea malinterpretado en las ciudades. Ese temor es también el escudo al que se agarra el PP para intimidar al votante clásico del PSOE e intentar frenar el «puño de ferro», como lo llamó el diputado Agustín Baamonde, con el que golpea la oposición.
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