Por segundo año consecutivo, los lectores de la edición digital de La Voz eligieron las fotografías que mejor retratan la Galicia del reciclaje y de los apaños caseros.
Aunque llegue con un poco de retraso, lo prometido es deuda, así que, y tal y como hicimos en la primera temporada, La Voz de Galicia quiso hablar con los autores de las mejores chapuzas para conocer su reacción sobre tal reconocimiento. Eso sí, nada más comenzar nos encontramos con un serio hándicap. El autor de la vencedora, la conocida como «un can moi frioleiro» (que obtuvo 196 votos), no dio señales de vida. El internauta que nos envió la fotografía indicaba que esta antigua cocina reconvertida en caseta para el perro se localizaba en Coristanco, sin aportar más datos. La Voz se desplazó al concello bergantiñán pero la pesquisa resultó fallida: nadie la había visto ni la conocía.
Segunda clasificada: «Miña nogueira querida». La segunda chapuza más votada por los internautas se localiza en la parroquia de Couso, en el concello de Avión, desértico hasta que los emigrados a México retornan en verano. Una de las tres vecinas que residen durante todo el año en el rueiro donde está ubicada la nogueira que atraviesa el tejado de un garaje, explica que su dueña no fue capaz de cortarla cuando lo construyeron porque la había plantado su abuelo, ya fallecido. Prefirió sacrificar espacio y «moitos cartos» para hacer el apaño. Con ella no pudimos hablar ya que reside también en el país mexicano.
Tercera clasificada: «La silla con botas». Una de las chapuzas que cosechó más comentarios favorables fue la que representa -como su propio nombre indica- a una silla a la que le pusieron dos pares de botas para que no se enterrase en la finca. El invento está firmado por Xoán Casás, un vecino de Miño de 81 años, al que le encanta pasar las horas, «sempre que non quente moito o sol», observando el progreso de su leira. Como se le hundía la silla en la tierra, encontró una simple pero eficaz solución: botas viejas para cada pata. Xoán reconoce que, a pesar de que aún no es conocido en la comarca por esta ocurrencia, sí que hay vecinos que cuando le acompañan en sus tardes de primavera también se sientan en otra silla con botas. En alguna ocasión llegó a reunir tres...
Cuarta clasificada: «La bici-carro». En el ayuntamiento de Pantón (Lugo) el gallego J.I.L. accede a hablar sobre la que será su obra magna cuando esté finalizada. Muy receloso de su intimidad, y algo desconcertado por su aparición en la sección de Chapuzas, el autor de la conocida como bici-carro relata el inicio de esta curiosa iniciativa que se remonta a dos años atrás, cuando un vecino le donó las ruedas. A partir de este regalo, él, una mente en constante inventiva, ideó construir una bicicleta que lograse andar y en la que se utilizasen elementos reciclados. Así, por ejemplo el timbre está hecho a partir de dos tazas, la dinamo es una antigua coctelera y el faro procede de una moto. El autor destaca que fue haciendo «todo en proporción ás rodas e a ollo». Resultado: una bici de 2,60 metros.
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