Retrata para dar testimonio y crear arte; pisa realidades tan peligrosas que incluso ha tenido que viajar con una pistola; y lamenta la soberbia de algunos políticos
Mitad fotógrafo, mitad pintor, lo que no hace Luis López Gabú (A Coruña, 1963) es rivalizar contra sí mismo. «Sí que hay fotógrafos, más artistas -dice-, que tienden a copiar, en cierto modo, la pintura con la fotografía, quizás porque la fotografía siempre estuvo muy desplazada, no se consideraba obra de arte. Hoy ya no es así. Yo trato de crear testimonio y arte, fotografías pictóricas, pero muy realistas; salvando las distancias, lo que hay en el Museo del Prado: obras artísticas que dan testimonio de un tiempo».
-¿Por qué retrata mundos de difícil acceso? Las escuelas coránicas, el mundo del vudú en Haití, los burdeles en Asia...
-Busco sitios que no están muy quemados fotográficamente. Las zonas que toco, quizás por el ingrediente de ser sitios peligrosos, no están fotografiadas, primero porque no hay turismo y, segundo, porque la gente de allí no tiene recursos para tener cámaras. Piensa que aquí las grandes fotografías de la Guerra Civil o de la posguerra no las hicieron los españoles, había tanta pobreza...
-Antes de que les llegue la globalización...
-Sí, el vudú terminará desapareciendo igual que aquí desaparecieron las meigas. Es curioso que en una tierra como la nuestra, vinculada desde siempre a las meigas, no exista un proyecto fotográfico y artístico sobre ellas.
-¡Pero haberlas hailas!
-Sí [se ríe]. Mis padres venían del interior de Galicia y allí la meiga era algo muy presente. Ahora puedes buscar libros y apenas encontrarás retratos de meigas.
-Está haciendo la maleta para irse a Somalia, tierra peligrosa...
-Entraré por Etiopía y trataré de cruzar la frontera.
-¿Antepone su propia seguridad al proyecto?
-No, sería un loco. Soy muy frío y procuro analizar mucho. Cuando todo está controlado es cuando suelto la parte de pasión. Hace falta una cierta tenacidad, porque las condiciones son duras. Muevo mucho el cuerpo, pero los pies los tengo siempre en el suelo.
-¿Y eso de que en Haití llevaba la cámara en la mano y una pistola en el cinto?
-En aquella época mataron a Ricardo Ortega y mi objetivo era meterme en el vudú más oculto. Eso implicaba ir a los suburbios, por la noche. Es uno de los países más peligrosos que existen. Llevaba conmigo un pistolero y yo mismo iba armado. Pero cuando estás allí estás en otro mundo.
-¿Y cómo se concentra uno en semejante ambiente?
-Tengo muy poco tiempo de creación. Llego a un ritual vudú y, a lo mejor, he perdido tres días de trabajo buscando, tres días o tres años. Y cuando te dejan entrar en una escuela coránica, son cinco minutos. Hay que ser muy rápido y muy selectivo.
-¿Se pasa miedo?
-La semana antes de marchar; allí no tienes tiempo.
-Lo del vudú es inquietante, uno no sabe si creer o no...
-Es una religión más, tiene su parte buena y su parte mala. La buena es darle bienestar interior al creyente. Si ese creyente decide hacerle daño a otro, eso es otra cuestión, pero eso no llega al diez o al veinte por ciento del vudú, el resto es protección hacia uno mismo. Para un pueblo que está sometido a dictaduras muy fuertes, donde no hay un Estado como aquí, que te garantice cosas, el vudú es la salvación. Si lo prohibieran sería como quitarle a un náufrago un flotador. Aquí existe otro vudú...
-A ver...
-¡El fútbol! El fútbol es un gran ritual. Si a la gente se lo quitan, no sabes cómo podría reaccionar.
-Antes de vivir de esto, hizo usted de todo, descargar en el puerto, vender alarmas...
-Eso te da una sensación de la realidad más exacta. En A Coruña hay mucha realidades. Lo único que las une es el fútbol, que no me gusta, pienso que es uno de los grandes males culturales, se está cargando todo, las culturas, las tradiciones... Llegas a una escuela coránica en África y ya te encuentras a un chaval con la camiseta de algún equipo. En una pensión de Birmania me vieron el pasaporte y lo primero que me dijo el tipo fue: «Coruña 1, Barcelona 1». Para muchos, el fútbol es el gran hilo que nos une a todos universalmente; para mí es todo lo contrario.
-¿Los gallegos siguen siendo más reconocidos fuera?
-Te contesto con una frase de Curros Enríquez que no ha perdido actualidad: «Quen dixo que Galicia non ten arte pouco coñece o noso chan paterno. Ten arte, ten, o que non ten é artistas porque os escupe para chans alleos». Yo me considero así por la Consellería de Cultura [saliente], que fue sectaria, arrogante y soberbia. Los artistas seguimos ahí; ellos no.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios