«Non vimos restaurar o pasado nin derrubar o que se fixo ben», proclamó el líder popular en su discurso
El candidato del PP compromete un Gobierno que destierre el caciquismo y que apruebe de inmediato un programa para reactivar la economía
Una intervención de cien minutos le bastó ayer a Alberto Núñez Feijoo para desgranar su proyecto de Gobierno ante el Parlamento con el fin de convertirse a partir de mañana en el quinto presidente de la historia de la autonomía gallega. El candidato del PP se sirvió de un discurso muy de su estilo, más pegado al lenguaje directo que a la retórica grandilocuente, para propugnar un «cambio de prioridades» e inaugurar una «forma concreta de gobernar» que contribuya a superar la crisis. «Non vimos restaurar ningún pasado nin derrubar o que fixeron ben os antecesores», matizó Feijoo, quien colocó entre las primeras medidas del futuro Ejecutivo un plan de choque destinado a reactivar la economía.
El contexto de crisis marcó dos terceras partes del discurso de investidura del candidato del PP a la presidencia de la Xunta, que comprometió ante el pleno la formación de un Gobierno que sea capaz de aparcar «os estériles antagonismos e disensións ideolóxicas», pero que también pueda superar la contraposición entre el sector público y el privado, pues Feijoo entiende que ambos tienen capacidad transformadora.
Erradicar el enchufismo
No obstante, el primero de los 24 aplausos que le arrancó a las diputados del PP -socialistas y nacionalistas no le concedieron este beneficio en ningún momento- fue cuando prometió que su Ejecutivo trabajará para que «termos como sectarismo, caciquismo, enchufismo ou partidismo» sean erradicados de la vida pública «e só teñan significado entre nós para referirnos ao pasado». Feijoo marcó una hoja de ruta de un Gobierno unido y cohesionado, contraponiéndolo al actual bipartito, y sobre todo un Gobierno austero, que sea ejemplarizante ante la ciudadanía en las políticas de ahorro.
El presidente del PPdeG no se anduvo con demasiados remilgos a la hora de describir la situación económica, pues adujo que «a realidade non deixa lugar ao optimismo», si bien consideró urgente identificar bien las necesidades para dar una respuesta «rápida y eficaz».
Y ante ese panorama desmenuzó lo que denominó «plan de choque» para la reactivación de la economía gallega, una iniciativa que se pondría en marcha en los primeros meses de su mandato y que permitiría ajustar el Presuposto de la Xunta y la inversión disponible a las nuevas prioridades. Feijoo justificó esta modificación presupuestaria en la variación que sufrirá el propio organigrama de la Xunta, que eliminará tres consellerías y reducirá de 52 a 5 las delegaciones provinciales.
Compra de viviendas
Este plan de choque debería permitir, en palabras del candidato del PPdeG, impulsar un «vigoroso» programa de inversiones en infraestructuras, combinándolo con la compra de viviendas en stock para ponerlas al servicio de los demandantes. De igual modo, se destinarían recursos para la inversión en capital humano y actuaciones dirigidas a desatascar la apertura de líneas de crédito a las empresas.
Pero Feijoo no obvió otros asuntos del programa de gobierno, que marcaron de forma clara su campaña electoral, entre los que están la lengua gallega o el concurso eólico. Tanto es así que anticipó que su compromiso de no «derrubar» lo que estaba hecho no incluiría estos dos asuntos, pues el decreto que regula el uso del gallego en las aulas será modificado para trasladar a los centros el «bilingüismo cordial», mientras el reparto de concesiones eólicas será revisado «para garantir a súa adecuación á legalidade».
El discurso de investidura todavía le valió a Feijoo para rescatar las obras de infraestructura incluidas en el Plan Galicia aprobado tras la catástrofe del Prestige, para poner en agenda una posible revisión de los plazos de las obras del AVE, en consonancia con el nuevo ministro de Fomento, el gallego José Blanco, o para propugnar una reforma en amplitud del Igape, el principal instrumento de crédito de la Xunta. En el otro plano, Feijoo no le dedicó ni una sola palabra a proyectos como la Ciudad de la Cultura y pasó de puntillas por el Plan de Acuicultura aprobado por el bipartito.
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