Los cuatro fallecidos, que compartieron muchas horas y aventuras juntos desde la infancia, dejan a los vecinos del concello consternados porque eran muy conocidos
Eran cuatro amigos desde la infancia. Vivían puerta con puerta. Se conocían bien tras pasar juntos muchas horas, muchas aventuras y algunas dificultades. Compartieron varios años en el colegio y en el instituto de formación profesional de As Mercedes, de Lugo. Fueron ramistas de las fiestas de Xiá y hasta compartieron vestuario en el equipo de fútbol del Friol. Llevaban muchos sábados de su vida acudiendo a Melide, como muchos jóvenes de la comarca, a disfrutar juntos de la noche. Últimamente la vida les sonreía. Los cinco tenían sus trabajos y, como señalaban ayer vecinos y familiares, «tiñan a vida encauzada, pero todo isto perdeuse onte nunha curva».
La noticia de la muerte de los cuatro jóvenes llegó muy rápido a las parroquias de Friol. La consternación era evidente en la cara de todos los habitantes del municipio que se veían por las calles. A partir de las diez de la mañana, dos horas después del siniestro, vecinos y familiares se iban acercando a las diferentes casas de los fallecidos para dar el pésame y consolar a sus padres y hermanos.
Destacaba la presencia de numerosos jóvenes; amigos que como los fallecidos compartieron horas de clase, de trabajo y de actividades deportivas. Lamentaban la muerte de uno más de la pandilla. El alcalde de Friol, Antonio Muíña, que hizo de portavoz de las familias, explicaba que para un concello pequeño en población la muerte de cuatro chicos es un drama. «En cidades grandes, os mortos poden ser un número, pero para nós son rostros; co falecemento deste catro mozos, morre unha xeración».
Eses rostros son los de José Ángel Serén López, recién cumplidos los 28 años (el pasado 19 de este mes) y mecánico de profesión en la empresa CIB 3. Era vecino de la parroquia de Xiá, al igual que José Ramón Serén Loureiro, de 29 años y trabajador en una cantera de Begonte. Javier Darriba Arias, de 27 años y empleado en el establecimiento de repuestos y taller mecánico de Feu-vert, en el Carrefour de Lugo, y vecino de Guldriz. Y José Manuel Rebolo Baamonde, de 25 años, hijo único, empleado de la empresa de transportes Monbus y vecino de Condes. El conductor y dueño del vehículo, que resultó herido grave, es José Antonio Abeledo Fraga, empleado de la cantera de Ingemarga en Parga, de 29 años de edad y vecino de la parroquia friolense de Fonteseca, a escasos 50 metros de sus dos compañeros muertos de Xiá.
Con la tragedia de ayer cayó una losa de tristeza sobre el ayuntamiento. Al morir cuatro de sus «chicos maravillosos», como señalaban sus vecinos, se ven afectadas numerosas personas. La práctica totalidad de los habitantes de la villa y de las parroquias friolenses tienen algún vínculo con los parientes y amigos de los fallecidos.
«En vinte anos que levo como alcalde, non lembro unha traxedia desta magnitude en Friol, por iso todo o concello chora a morte destes rapaces e para nós é unha traxedia», señalaba Antonio Muíña. El mismo regidor, y médico en el pueblo, recordaba ayer que tuvo en sus brazos numerosas veces a los ahora fallecidos, ya que fue su médico cuando eran niños.
Friol ya vivió su particular infierno hace dos años, cuando una de sus vecinas, la soldado Idoia Rodríguez, fallecía en Afganistán. Al igual que en aquella ocasión, el Concello, de acuerdo con las familias y para facilitar el duelo de los cientos de vecinos afectados, habilitó el pabellón municipal como capilla ardiente para velar los féretros.
Una vez que se realizaron las autopsias de los cadáveres, cientos de friolenses los esperaban por la tarde en el tanatorio de la villa, desde donde luego fueron trasladados a las siete al pabellón deportivo. En el escaso kilómetro que hay entre el tanatorio y la capilla ardiente, familiares y amigos acompañaron el dolor de los padres y hermanos con el único sonido de los lloros. Dentro del recinto deportivo se volvían a repetir las escenas de dolor de hace dos años con Idoia. Las coronas de flores presidían los ataúdes y los vecinos desfilaban delante de ellos rezando o simplemente mostrado su dolor en forma de llanto.
Estas escenas de intensa tristeza se volverán a repetir hoy. A las seis de la tarde está previsto el funeral y luego cada uno de los féretros serán llevados a los cementerios de Xiá, Guldriz y Condes, donde se dará sepultura a los cuatro amigos de Friol.
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