Profesores y compañeros de estudios del próximo presidente de la Xunta subrayan su disciplina y sentido del esfuerzo. «Salir no salía», dice uno
Había una asamblea en el aula 8 de Medicina. Los universitarios se movilizaban en la «loita dos pisos» y Miguel Cancio, que venía de París y «ya lo había visto todo», trasladó a Compostela las consignas que revolucionaran el mundo diez años antes. Si los yippies de Berkeley habían llegado a Chicago con el cerdo Míster Pigasus de candidato a la presidencia, los revoltosos de Santiago proponían al burro Zenón de Elea para horroris causa de la universidad. Y aquí el bedel poco pudo hacer. El borrico, un cerdo y media docena de gallinas entraron triunfalmente en las aulas.
En ese estado de cosas llegó a Santiago Alberto Núñez Feijoo. «Había asamblea en Medicina y estaban los de ERGA en el estrado cuando llegaron Cancio y Galín. Cancio estaba en el PCG y había arrastrado con él a los anarquistas y a los del MC. Era el líder del movimiento y en medio de la asamblea, que entonces era algo muy serio, el príncipe Galín se sentó patas arriba con su capa y unos tacones, y se puso a hacer la bicicleta. La que se armó. Los nacionalistas diciendo: ?¡Estádevos rindo de nós!?, y el resto: ?¡Nooo, nooo!?. Los habían barrido», recuerda un estudiante de aquella época, hoy abogado en A Coruña.
Hay quien dice que por allí pasó Alberto Núñez camino de Gelmírez, el colegio mayor de los maristas donde vivió los primeros años en Santiago y donde coincidió con un estudiante al que diagnosticaron una enfermedad grave a mitad de carrera y que, según le confesó años después a una profesora que les había dado clase a los dos en el instituto de Ourense, no habría podido acabar sin la ayuda de Feijoo.
Si pasó o no por la asamblea poco importa. El próximo presidente de la Xunta no formaba parte del núcleo de activistas universitarios de los primeros ochenta. Él estudiaba. La política vino después. Así lo recuerdan compañeros suyos en Derecho, muy trabajador, disciplinado y metódico: «Salir salía poco, no era como yo», confiesa Miguel Lorenzo, concejal del PP en A Coruña y organizador de cuanto sarao había en la facultad. «Al viaje de fin de carrera a Portimão no vinieron ni él ni Negreira», reprocha. Luego recuerda un artículo a favor de la monarquía que escribió con Jesús Gamallo tras el 23-F y que Pepe Blanco no quiso publicar. «Claro, su revista era republicana, pero hay que decirlo todo: él ya estaba muy comprometido con el socialismo, nosotros con nada de nada, y lógicamente trataba de captar gente invitándonos a participar y a asistir a reuniones».
El 23-F lo recuerda con precisión Carlos Negreira. «Eran las seis de la tarde cuando entró en el aula un bedel y le dijo algo al oído a Portero Molina. No le dimos importancia, pero inmediatamente después Portero nos comunicó que los golpistas habían asaltado el Congreso. Estaba explicando el título de la Corona».
En aquellas fechas la noche compostelana daba un triple salto con el Número K, el primer pub «con luz» en un mundo de garitos oscuros, prolongación de la clandestinidad y el disimulo de la época. «Era el no va más, mis amigas se arreglaban para ir al Número K», comenta un jurista de la misma la quinta.
Alberto Núñez también se arreglaba -«muy bien siempre, hasta los zapatos», dice Ángeles Castro, su profesora de Historia Contemporánea-, pero no a las diez de la noche. Al parecer nunca abandonó la disciplina y el sentido del esfuerzo adquirido de niño en los maristas de León, donde estuvo interno desde septiembre de 1972 hasta finales de junio de 1975, por recomendación de un tío abuelo suyo, también marista. El hermano Alberto Fuentes fue su maestro y recuerda con gratitud «las dos veces que volvió al colegio, la última hace cinco años, acompañado de su novia, una rubia», dice con una sonrisa. A sus 85 años, habla de Feijoo como un chico «muy tranquilo y, sobre todo, muy equilibrado, inteligente y trabajador, siempre estaba sonriendo». Y a continuación explica: «No estoy de acuerdo con que todos los políticos son iguales. Él es muy noble, que lo siga siendo, que lo que prometa lo cumpla y que la gente vea que sabe cumplir». Otros profesores dan consejos a los adversarios. «Que se preparen, su dialéctica es formidable, siempre fue bueno en Lengua y Filosofía».
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