Una de las dos estructuras, datadas en los años cuarenta, empieza a quedarse sin parte de sus barras de acero
Las torres de telecomunicaciones que los alemanes montaron en la Terra Chá durante la Segunda Guerra Mundial siguen sufriendo daños tras el reciente temporal. Si el fuerte viento desatado por el paso del Klaus tiró por tierra dos estructuras levantadas en la década de los cuarenta del siglo pasado, las secuelas han arrancado parte de su material en una de ellas.
Sin embargo, esa falta de elementos de una de las torres, situada en Momán (Cospeito), tiene todas las características de ser el producto de un robo y no una consecuencia más del temporal de días pasados. A la torre de Momán ya le falta una parte de las estructuras de acero de su parte inferior; también faltan las tuercas que formaban la sujeción entre las barras, aunque en la parte más cercana a la base se pueden ver, tiradas por el suelo, en algunos sitios. La parte inferior es más accesible que la superior, que quedó en una zona de pinos tras venirse abajo.
En la de Arneiro, que en línea recta dista varios centenares de metros de la otra y que también está enclavada en el municipio de Cospeito, aún no se apreciaba a primeras horas de la tarde de ayer la falta de ningún elemento. Las construcciones son de acero y miden algo más de 100 metros de altura. La reventa para chatarra puede ser una de las salidas de este material, en tanto que la forma de quitarlo parece suscitar algunas dudas: pudo hacerse con una rebarbadora, aunque esa posibilidad requeriría el empleo de un generador, o con un cincel.
Las dos torres están muy cerca de la carretera LU-113 (Rozas-Abadín), una de las principales vías de comunicación interior de la Terra Chá y de enlace de Lugo con A Mariña. La expectación despertada por la caída de una de ellas parece fuera de toda duda. «Algúns días había máis coches aí ca nunha festa», afirmó ayer Antonio Campo, vecino de Momán.
Las torres formaban parte del paisaje habitual. «Cando eu nacín, xa estaban aí», recordaba ayer este vecino, mientras que otros subrayaban la utilidad que llegaban a prestar en la vida cotidiana. Juan Novo, residente en Arneiro, comentaba que funcionaban incluso como pararrayos.
La conservación y la recuperación para nuevos usos de las dos torres, que llegaron a usar alguna vez radioaficionados, fueron reclamadas por diversos colectivos en los últimos años: incluso la Asociación Pórtico da Gloria recibió un premio el mes pasado, en Andalucía, por su labor de promoción. Sin embargo, las medidas de protección fueron escasas.
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