La actividad incluye zonas contaminadas en las que la falta se convierte en delito contra la salud pública
El escándalo de las vieiras tóxicas apenas incide en el marisqueo ilegal en la ría, donde arranca un nuevo sistema de vigilancia
El impacto de la espectacular operación que puso al descubierto el tráfico de vieiras contaminadas y llevó a la cárcel a varios furtivos en el área de Ferrol no ha sido suficiente para desanimar a las decenas de mariscadores ilegales que actúan sobre la ría burlando la escasa vigilancia aplicada hasta ahora. Las inspecciones rutinarias efectuadas esta semana por los vigilantes de la cofradía de Ferrol detectaron varias decenas de mariscadores furtivos en diferentes puntos de la ría, incluidas las zonas marcadas con la letra C que identifican espacios contaminados por coliformes y donde el marisco solo puede extraerse para su posterior siembra en otros puntos con aguas más limpias.
El enorme arraigo del marisqueo ilegal en toda Galicia, y en especial en la ría ferrolana, a la que muchos conocen como la catedral del furtivismo, está por encima del reciente escándalo, aunque las tres cofradías que operan en la ría han decidido coordinar y reforzar sus operativos de control para mitigar al menos la actividad ilegal. El anuncio efectuado por los cofrades esta semana, y que ya está siendo aplicado, no ha aportado de momento demasiados resultados. Durante la madrugada del pasado jueves, en una patrulla rutinaria, la presencia de mariscadores furtivos era perfectamente visible en puntos con contaminación de fecales como la playa de Caranza o el entorno del puente de As Pías, donde grupos de decenas de mariscadores sin licencia trabajaban en la playa extrayendo almejas con la ayuda de pequeñas linternas. El hecho, lejos de ser extraordinario, se sigue produciendo con frecuencia y en lo que tiene que ver con el resto de esta semana, la presencia de mariscadores furtivos en la ría de Ferrol ha sido permanente.
Otro paso al frente
Las cofradías tienen previsto dar un paso más al frente si se mantiene la situación e incluir retenes de vigilancia permanente a lo largo de la ría: «Es mucho más fácil impedir que entren que echarlos cuando ya están trabajando», admite un miembro de la cofradía. La situación ha hecho reaccionar a los percebeiros, que persiguen un paro biológico remunerado en el que proponen trabajar vigilando, limpiando y presentando denuncias, aunque la idea todavía no ha recibido el visto bueno de la Administración.
La denuncia entre particulares, en cualquier caso, es un recurso que históricamente no ha servido de mucho, dada la convivencia entre el mariscador legal y el furtivo. Los percebeiros, sin embargo, consideran que la esquilmación ya ha alcanzado límites intolerables y se muestran dispuestos a todo.
Aún con la coordinación y el refuerzo de los recursos de vigilancia en la ría, el dispositivo seguirá siendo insuficiente para controlar un fenómeno que, si bien ha descendido en las últimas dos décadas, vuelve a repuntar. De enero a agosto, la Xunta decomisó más de 24.000 kilos de especies marinas, de los que 800 fueron extraídos de la ría de Ferrol, una cantidad que, a tenor de la opinión de los expertos, ni se acerca a la que los furtivos extraen durante una semana de trabajo.
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