El presunto autor del doble crimen de Ferrol ya cumplió condena por el brutal asesinato de un taxista de Santiago en Ordes hace poco más de nueve años
perfil | MANUEL ANTONIO PRADO RIVEIRO
«Un psicópata, cruel y descerebrado». Así definió alguien que lo conoce bien por motivos profesionales al presunto autor del doble crimen de Ferrol detenido ayer por la Guardia Civil en Lourenzá (Lugo) cuando intentaba poner tierra de por medio en el vehículo de una de las víctimas.
La personalidad de Manuel Antonio Prado Riveiro encaja de lleno con la dantesca escena que un vecino se topó el lunes en Mandiá. Es reincidente. Un jurado popular lo condenó en el 2001 como autor del asesinato del taxista compostelano José María García Corral, a quien dos años antes había asestado 15 puñaladas en una oscura calle de Ordes, aparentemente para adueñarse de 8.000 pesetas. La sentencia le imponía dos penas de prisión, una de siete años y medio por el delito de asesinato y otra de un año y nueve meses por el de robo con violencia. Bastante menos de lo que pedían el fiscal y la acusación particular: 12 años por asesinato y dos por robo. El jurado lo condenó también a indemnizar a la familia de la víctima con 12,5 millones de pesetas, que no pagó porque se declaró insolvente. Nada más cumplir la mitad de la pena, logró la libertad condicional. Prado Riveiro salió del penal de Teixeiro hace poco más de un año, por lo que cumplió algo más de ocho años de cárcel.
La familia del taxista, que recurrió ante el Tribunal Supremo, no solo fracasó, sino que sufrió los rigores de la burocracia: fue objeto de un embargo por no haber pagado los 7.125 euros de las costas judiciales. Embargo que pesó sobre sus cabezas hasta que en febrero del 2006 fue anulado por el presidente del tribunal jurado de la Sección Segunda de la Audiencia de A Coruña.
Pero, ¿quién es este individuo tan ávido de sangre y de crueldad y cómo pudo llegar hasta donde llegó?
Cuando con poco más de 23 años fue detenido por el crimen del taxista, sus vecinos de Carnota lo definieron como una persona «introvertida y afable» que se aficionó desde muy joven a todo tipo de drogas, sin que le sirviesen de nada los tratamientos de desintoxicación a los que fue sometido. Sus vecinos comentaban que nunca pensaron que fuese capaz de hacer lo que hizo «porque procede dunha familia exemplar».
Su padre regenta un bar en O Pindo (Carnota) y, paradójicamente, en aquellas fechas, era también taxista. Fuentes conocedoras del personaje coinciden en señalar que no le faltó el apoyo de sus allegados pero que él nunca tuvo reparos en utilizar a su familia. De hecho, la hermana con la que convivía en el barrio santiagués de Conxo, un día después del crimen del taxista, lo acompañó al centro Reto de León, donde quedó ingresado.
Como el cerco policial se estrechaba sobre él -sus dos domicilios estaban vigilados permanentemente-, sus padres se buscaron un buen abogado que negoció su entrega con el entonces comisario jefe de Santiago, y la Guardia Civil se enteró de la noticia al día siguiente por la prensa, sin que llegase a tener oportunidad de interrogarlo.
Síndrome de abstinencia
La estrategia de su defensa se basó en que Manuel Antonio padeció un trastorno de personalidad por el síndrome de abstinencia, pero los forenses sostuvieron que «la violencia de los golpes recibidos por la víctima no son compatibles con el síndrome de abstinencia ni con una fuerte intoxicación etílica». La tesis venía avalada, entre otros, por un dato: cuando solicitó telefónicamente desde Conxo los servicios del taxista, salió de casa con dos grandes cuchillos.
Tras abandonar la cárcel se instaló en O Pindo, según informa J. M. Sande, y trabajó en el bar. Su actual novia se fue también a vivir a la casa familiar. Pero el padre los echó después de que faltase dinero de la caja de caudales. Aun así, les pagaba el piso que alquilaron en Cee, del que pronto se cansaron para volver a O Pindo e instalarse en una casa de la familia sin el consentimiento del padre, quien, harto, los denunció ante la Guardia Civil, y esta los desalojó. El choque entre padre e hijo se enconó hasta el punto de que Prado Riveiro llegó a amenazarlo con hacerle lo mismo que al taxista. La pareja acabó instalándose en Betanzos, donde residían actualmente.
La Policía Local de Carnota relaciona al detenido con los ambientes de drogas y trapicheo de Cee, Fisterra y Carnota. El Concello carnotano trató de ayudarlo y le dio un trabajo en el obradoiro de empleo municipal. Tras acudir dos días a su puesto lo dejó alegando que era diabético.
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