La célebre canción de Carlos Puebla Hasta siempre sonó al tiempo que se descubría la colosal escultura de Che Guevara en Oleiros. Allí estaba un emocionado alcalde, Ángel García Seoane, junto al primogénito del líder revolucionario y representantes de la embajada y el consulado cubanos. Todos piropeados por las 300 personas que acudieron a la inauguración del segundo monumento más grande del mundo en memoria del mítico guerrillero nacido en Argentina. Primero fueron los discursos. El de la periodista Tereixa Navaza, que presentó el acto, fue una oda a la figura del Che, un hombre que «cuanto más lo manipulan, más nace», en alusión a las críticas contra la pieza creada por dos artistas cubanos y con un coste de 180.000 euros (el hijo del Che anotó que el tamaño de la escultura «tiene que ver con la escala humana del homenajeado»). García Seoane también encumbró al Che, pero no se olvidó de la Cuba de Castro ni de los «presidentes títeres al servicio del capital que bajo el pretexto del terrorismo aniquilan pueblos y llevan la guerra por todo el mundo».
El regidor, que dijo sentir «una felicidad tremenda», comenzó su discurso así: «Benvidos ao territorio libre de Oleiros, onde os fachas non teñen nada que facer». Luego, después de dirigirse al hijo del Che como «compañero Guevara», y proclamar «la dignidad de la revolución, que sigue viva», ordenó destapar la estatua. Fue cuando unas diez personas comenzaron a gritar contra el monumento. Entonces, el alcalde se dirigió al jefe de la Policía Local: «Pida la identificación a esos delincuentes». La orden no se cumplió.
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