Lavoz.es inicia una serie de videoreportajes dedicados a las profesiones tradicionales acercándose al mundo de los herradores/ferradores gallegos.
Sin casco, no hay caballo. Así se podría resumir la importancia de una labor muy antigua (data del siglo V) que, sin embargo, aún es desconocida para muchos. Lavoz.es inicia una serie de vídeoreportajes dedicados a las profesiones tradicionales acercándose al mundo de los herradores/ ferradores gallegos.
Para conocer el pasado, presente y ¿futuro? de esta profesión, se escogieron tres «artesanos» que lo simbolizan: Juan Castro, veterano herrador de 71 años y jubilado hace 10; Mariano Contreras, especialista en herradura deportiva, de 58 años; y Gabriel Iglesias, un joven herrador de 36 que no duda en cogerse la Galicia norte por montera y viajar de casa a casa para moldear y forjar distintas herraduras.
Si hay algo en lo que todos coinciden es que en el oficio no ha cambiado mucho. Regulado en España desde 1871, tanto en sus orígenes como en la actualidad, la base de un buen trabajo es conocer al animal y, como en todo buen oficio artesano, dedicarle su tiempo. Primero se medirá el perímetro del casco, después se moldearán las herraduras y se calentarán en las forjas y, ya a los «pies» de los caballos, estas se fijarán con clavos. Un proceso que necesita destreza, buen hacer y, a base de experiencia, rapidez. Y es que, a pesar de que no se puede establecer un tiempo exacto, herrar un animal puede suponer entre una hora y hora y media de trabajo. Mariano Contreras resume un pensamiento unánime de los herradores consultados: «Lo más importante en este oficio es conocer los defectos de los animales. Nivelar el casco, mirar la postura del animal e, incluso, pasearlo».
A la profesión se llega de distintas formas, ya sea a través de heredarlo e iniciarse en él con un maestro anterior (lo más corriente en la Galicia rural, tal y como le ocurrió a Juan), de aprenderlo en el ejército (aunque, en la actualidad, ya desapareció la disciplina de cría caballar y veterinaria) o de formarse en él en alguna de las escuelas civiles que lo enseñan, de las que la comunidad gallega no posee ninguna. Por ello, desde todos los frentes se reclama la existencia de un módulo educacional que enseñe el oficio y que asegure la vigencia de una profesión que tiene en Galicia en torno a 50 representantes.
Aún así, y ante la innegable existencia de gente joven dispuesta a coger el testigo (entre la que escasean mujeres), ninguno de los herradores consultados pone en duda su futuro, aunque, puntualizan que los de mayor profesionalidad y renombre serán los que logren una mayor vigencia y que el devenir de este oficio caminará ligado al ámbito deportivo (una disciplina que a cada año que pasa gana adeptos).
Eso sí, en la esfera agrícola y tradicional es donde más peligra su continuidad al cambiar los hábitos domésticos. «A xente o que busca agora é comodidade. A os ferradores de toda a vida había que levarlles os cabalos alí -a su casa- e na actualidade, nun tempo no que case todo o mundo traballa, a xente non pode permitirse ese luxo. O máis cómodo é que os ferradores vaian ata a súa casa», apostilla Gabriel Iglesias.
Ante la pregunta de si se puede vivir del oficio la unanimidad vuelve a ser total. Si en la década de los 50 -y tal y como apunta Juan- en un día se podía ganar en torno a 40 pesos (un obrero podía alcanzar los 20), en la actualidad, y saltándonos la era de las pesetas, se puede llegar a cobrar entre 50 o 70 euros (como media) y 300 euros. Todo dependerá de la dificultad del propio equino, del tipo de herradura y, sobre todo, de la juventud del profesional, al tratarse de un trabajo de gran esfuerzo físico. La horquilla de animales herrados puede oscilar entre los 4 o 5 y los 12 diarios.
Sea como sea, y avalado por la garantía de su rentabilidad, este oficio milenario continúa su camino entre la pasión de los herradores (a Juan no lo jubiló la edad sino un golpe en la espalda) y la conformidad de los caballos que ven, como tras su trabajo, ya pueden «andar» mejor.
Para dar a conocer a algún representante de los oficios tradicionales gallegos, envíen un email a olalla.sanchez@lavoz.es o manuel.arroyo@lavoz.es.
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